LAMB TO THE SLAUGHTER (HITCHCOCK, 1958) **** SOBRE 5
Ironía: Figura retórica con la que se significa lo contrario de lo que se dice.
Nos encontramos con un ensayo de posteriores películas. El episodio 28 de la tercera temporada de la serie Alfred Hitchcock presenta, “lamb to the slaughter” (como cordero que va al matadero), es un magnífico ejemplo de algunas de las características del cine del director de Vértigo (1960). Empezando por su particular sentido del humor, pasando por el suspense que reina en el metraje, y acabando en el discurso moralista básico para entender su obra y para contextualizarla en su época.
Se nos muestra a un ama de casa servicial, embarazada y auto engañada que, llevada al extremo de la neurosis, mata a su marido con una pieza de cordero congelado. La mujer del principio desaparece rápidamente, y empieza a convertirse de una forma muy maquiavélica. La neurosis va a devenir en psicosis al final, en un plano muy parecido al final de la película que rasgó en dos la historia del cine norteamericano. Sin embargo, ella no es una profesional del crimen, y por eso, va a necesitar quedarse muy quieta durante el largo interrogatorio.
Tan sólo se levantará cuando vea peligrar su coartada, al encontrar los policías el arma del crimen. Y al entrar en la cocina, va a ser ella la que domine todo, allí será donde tome sus decisiones más complicadas. En este texto audiovisual la división geográfica es clara. En el salón va a dominar el hombre: el marido primero, y el inspector después; mientras que en la cocina va a ser la mujer quien tenga todo bajo control.
Así pues, mientras esté en el salón va a estar sometida. Esto se remarca con los golpes verbales que debe encajar casi en primer plano, con música in crescendo y fundido en negro. Primero será su marido, al decirle que se va con otra. Más tarde será el inspector en los diálogos con sus ayudantes, donde se sugiere la forma del arma homicida, la cercanía del asesino y la posibilidad de que se trate de una mujer. Es un golpe doble al decir que su marido frecuentaba a otras señoritas.
Las relaciones de poder que se mantienen en el salón vienen muy marcadas. El marido se sitúa de tal forma en el plano que parece que es él quien desprende la luz de la lámpara. Además, siempre se le va a mostrar en medio de la escena, incluso una vez muerto. Todo va a girar en torno a él, a sus designios y a su muerte.
El relevo lo tomará el policía cuando se lleven el cadáver del marido. Lo vamos a ver en el hecho de que no es hasta entonces que el inspector decidirá quitarse el abrigo. Por otra parte, se muestra con la suficiente confianza como para hablar a la mujer por su espalda, provocando que ésta se gire. Finalmente, vemos como adquiere el mando absoluto en la habitación. Sin embargo, se ha confiado demasiado, y eso va a ser su perdición. El cordero irá a su estómago, y la señora Maloney quedará en libertad por su exceso de confianza.
Y precisamente los abrigos van a jugar un papel muy importante. En el interrogatorio, el policía insiste en que el marido debía estar muy preocupado como para no quitarse el abrigo antes de beberse un vaso de whisky solo. No se da cuenta de que ni la mujer ni él mismo se lo han quitado. Es obvio que la preocupada es ella. Nos lo dicen sus ojos inquietos y su cuerpo clavado al asiento. Pero el policía se confía y esto le llevará a su particular matadero, el no dar con la solución del caso.
El suspense viene precedido de una necesaria identificación con el personaje de la mujer. Identificación que se ha dado al principio, mostrándonos a una mujer insegura, llevada al extremo por un brote neurótico. El espectador no quiere que la descubran, y se alegrará de que se libre. Otra muestra de suspense es el mostrarnos todo el tiempo el horno al fondo. Sabemos qué se cuece ahí y no queremos que se descubra el pastel. Es una técnica parecida a la que usa en Psicosis (1960), al mostrarnos la ducha de fondo (sólo que en Psicosis no sabemos qué pasará en la ducha, mientras que aquí sí que sabemos que hay dentro del horno). Sin embargo, debido a la época y a su sentido de la moralidad, Hitchcock se ve obligado a condenarla con su ironía habitual.
El otro elemento del cine de Alfred, la sorpresa, no va a tener tanta importancia pero sí que va a aparecer. La sorpresa nos la llevamos cuando ése ama de casa tan sufrida decide cargarse a su marido con una arma inverosímil. Para redondear la clase magistral, también contamos con el famoso twist ending. Un final inesperado que se cuece a fuego lento, y que chocará cuando descubramos a los policías comiéndose el arma homicida.
El fragmento audiovisual está sometido a las limitaciones y posibilidades de la época. Por ejemplo, no hay exteriores. La única secuencia que podría incluirlos queda cortada por dos grandes elipsis, mostrándonos únicamente un plano de la tienda a la que va a comprar. El episodio está rodado en blanco y negro, y con apenas dos decorados.
El suspense viene marcado por el tiempo, un elemento imprescindible para esta narración. Desde el principio, la señora Maloney nos avisa de que el cordero tardará algo más en cocinarse. Concretamente, estará hecho cuando el interrogatorio finalice. Los personajes nos marcan el tiempo, nos dicen cuándo empieza y cuándo acaba el interrogatorio; nos dicen que durante cuatro horas, la Señora Maloney va a estar pegada al sillón con el abrigo puesto.
Dentro de los episodios, Hitchcock hacía un corte publicitario aprovechando el momento de mayor tensión. En este caso, el momento llega con un primer plano de Barbara del Geddes, que se funde a negro tras haber encajado los golpes del diálogo de los policías.
Los golpes siempre van a venir desde arriba, como los pájaros que se muestran en los cuadros. La estocada final en forma de pata de cordero viene desde arriba; los golpes que recibe la mujer vienen, con ella sentada, desde arriba; la bolsa de la compra la tira, cómo no, desde arriba. De alguna forma, ella se puede identificar con los pájaros (siempre saldrá del lado de los cuadros de pájaros); mientras que el hombre permanecerá en la pared del caballo y el perro. La teoría de la ambición por escalar posiciones en la escala de poderes se ve sustentada también por el hecho de que al final la Señora Maloney aparecerá, por primera vez, en la pared del cuadro del perro.
Pero aún más, vemos que el cuadro de sus espaldas muestra a dos pájaros, uno situado más alto que otro. Podría interpretarse que ella es ése pájaro de debajo, subyugado al de arriba. En un momento dado, decide volar y atacar ese yugo desde las alturas. También podrían estar ligados los pájaros a la locura tal como sucedía en el motel Bates.
Siguiendo con esta parte animal, no sería justo dejar sin mencionar la ironía visual que se produce con el comentario del policía que quiere llevar los huesos al perro, y el cuadro del propio animal. Finalmente, el homicidio va a quedarse sin pruebas, el cordero va a ir al matadero.
Desde el principio, intuimos que el director no se va a tomar muy en serio el tema, que va a ser un discurso irónico. “Calorías sin calorías” y la explicación de cómo cogieron a la mujer al intentar asesinar a sus segundo marido con un cordero demasiado blando, son un preludio y un epílogo de la esencia de este fragmento audiovisual.
Ironía: Alfred Hitchcock nos lleva como corderos al matadero.
Alberto Serrano Martín a90sm
albert_serrano9@hotmail.com
























