Análisis (sucinto y no exhaustivo) de la historia del cine y la televisión en España a través del análisis de la película “Huella de luz” (Rafael Gil, 1942).
Lo que más sorprende del cine de esta década es su falta de referencia al momento presente. Los cineastas viven al margen de la dura realidad y construyen historias con una clara finalidad de evasión, poniendo sus ojos en el referente del cine de Hollywood, en especial, de Frank Capra. Las historias encierran mensajes muy conservadores con finales invariablemente felices y personajes desdichados que representan a una pobre generación que ha sufrido demasiados golpes y que ya no se atreve a pedir más que paz y orden.
En este trabajo me centro en el papel del “pobrecito” y su larga historia en el arte español y en el cine mundial. Probablemente se trate del mayor mito contemporáneo (aparte de Superman): el dinero no da la felicidad. Independiente de que estemos de acuerdo o no con esta afirmación es claro que el interés que han tenido los poderosos por transmitir ese mensaje es que la gran masa de ciudadanos medios o pobres acepten con agrado el estado de las cosas y ni siquiera se atreve a aspirar a más que un trabajo estable y una vida ordenada.
Posteriormente, el pobrecito de la historia audiovisual española va evolucionando y degenerándose porque es capaz de hacer cualquier cosa con tal de ver cumplidas sus aspiraciones. Esto llega con el desarrollismo y el final de la autarquía y tiene un papel fundamental la televisión como ventana a un escaparate capitalista. En la actualidad, la barrera entre esos pobrecitos y “la fama” se ha difuminado y se puede conseguir la segunda llevando al extremo la vulgaridad de las clases populares.
Todo eso y más en este trabajo (algo largo) disponible en Slideshare y con descarga gratuita (puede que sea necesario registrarse como usuario). Cualquier comentario, duda o consulta trtaré de responderla ya sea en el blog o en la página de Slideshare.
“Que no, que no nos privatizan. Que no, que no nos privatizan”. “¡Que ya está aquí! ¡Que ya está aquí! El movimiento estudiantil”. “Si somos el futuro, ¿por qué nos dan por culo?”.
Consignas como estas se pudieron escuchar el pasado día 17 de Noviembre en las calles de Madrid. Para celebrar el primer mes desde que ocurrió, este 17 de diciembre los ciudadanos han vuelto a salir a las calles. Sin embargo, todavía no se han visto los cambios que demandaban. La marcha del 17 de noviembre, la más multitudinaria comenzaba en el metro de Nuevos Ministerios, donde se concentraron por primera vez representantes de la universidad pública en solidaridad con la secundaria.
Y es que esta palabra, solidaridad, es una de las que más se escuchan en el panorama escolar actual. En el Instituto Julio Caro Baroja (Fuenlabrada, Madrid), la huelga se contempla desde el punto de vista de la solidaridad, ya que la plantilla no se ha visto especialmente afectada por los recortes. Sin embargo, el seguimiento sí ha experimentado un notable descenso. Desde porcentajes cercanos al 80 e incluso al 90% de los meses de septiembre y octubre, a un 50% en la huelga del 17 de Noviembre y un 35% el 29 de Noviembre. Según Jesús, jefe de estudios del centro, el descenso se explica porque “da la sensación de que no se va a conseguir nada, por el recorte del salario que empieza a hacerse notar de forma drástica, pero, sobre todo, por los alumnos y el descenso en la calidad de su enseñanza.
Aunque algunos profesores entienden la huelga como algo esencial, varios han decidido hacer fuerza por la vía de las manifestaciones. Pero incluso docentes como Encarna Runa, que afirma que “para mí un día de huelga es sagrado”, han intentado recuperar las horas perdidas. Encarna es la jefa de departamento de Filosofía y está al cargo de la preparación de los alumnos de 2º de Bachillerato de cara a la próxima selectividad.
Los profesores están preocupados porque no se puedan cubrir los mínimos. Por eso, Encarna accedió a dar clases a séptima hora de forma voluntaria. No obstante, ha tenido que retractarse ya que “encima los alumnos de bachillerato se han quejado porque ellos no tienen por qué quedarse”. Pese a estas reacciones dentro del ámbito docente, lo cierto es que el apoyo estudiantil y por parte de los padres ha sido clave, en opinión de Jesús.
Aunque el apoyo a las huelgas haya descendido por solidaridad, no es el caso de las manifestaciones. Muchos de los asistentes no guardan relación directa con la enseñanza pública, pero han querido salir a reivindicarla. Este es el caso de Manuel. “Fui padre de alumnos, mis hijos han estudiado en la enseñanza pública, pero ya han hecho sus carreras universitarias y están trabajando, pero como ciudadano creo que es mi deber”.
O el de Susana, que estima que “el cambio influirá a mis hijos, a los hijos de mis hijos. Tenemos que luchar por ellos. Los padres de los estudiantes los primeros porque si no dan la cara por sus hijos, ¿quién lo va a hacer?”. Por no contar con el creciente apoyo de los abuelos como Eusebio, alegando que “ahora tengo nietos y llegará su momento y hay que dejarles el camino resuelto”.
¿CUESTIÓN POLÍTICA?
La marcha universitaria, entre sentadas en las carreteras y proclamas como “¡Así! ¡Así! Así lucha Madrid” y “¿Qué pasa, qué pasa? Que nos suben las tasas”, se juntó en Colón con padres y profesores que avanzaban con una única voz cortando la circulación en la Gran Vía madrileña con un mitin convocado por UGT y CCOO. En él se pudieron escuchar mensajes políticos y hasta algunas proclamas demagógicas y exaltadas, pero, en todo caso, la opinión de los docentes quedó bien clara, y sus objetivos también. “Por todo ello seguiremos luchando, cargados de razones” expresaba el representante de UGT. Algunos, como el coordinador de la FAPA Giner de los Ríos iban más allá y aseguraban que los políticos “no quieren negociar con los docentes, ¿entonces para qué están? ¿Qué tienen que hacer los políticos? Hablar con los ciudadanos, sentarse con ellos, negociar sus políticas… Es que no son políticos, son dictadores”
El ambiente se llenaba con la “canción desesperanzada” de la alumna de 1º de bachillerato del IES Lope de Vega, Marta Espinosa. Con sus juegos de palabras y sarcasmo, Marta alentaba el apoyo del pueblo preguntándose irónicamente “y ¿por qué protestan tanto estos hippies de la plaza, si todos estos recortes son medidas de Esperanza?”. “¿Y por qué quieren que ceda a sus reivindicaciones? Me haré fuerte mientras pueda, ya gane las elecciones. Soy quien maneja a la prensa, soy quien da las subvenciones. Y me cargo a los que estorban, pues me tocan… los cojones qué coño”.
Pese a polémicas medidas como las del Gobierno de la Comunidad de Madrid de impedir ejercitar el voto a los ciudadanos que vistieran una camiseta verde del movimiento en defensa de la enseñanza pública por considerarlo como propaganda electoral, en el Instituto Julio Caro Baroja Jesús reivindica que “no es una huelga política. En el claustro hay profesores de todas las tendencias que han respaldado la huelga”.
Realmente, los únicos que no han podido apoyarla han sido los miembros de dirección ya que el convenio asegura la permanencia del director, el Jefe de Estudios y un miembro del Programa Técnico como servicios mínimos necesarios.
AUMENTO DE HORAS
Y ¿por qué se han organizado estas protestas? Puede parecer que un aumento de dos horas semanales no es mucho. Pero, según Jesús, no se trata del número de horas lectivas sino de las complementarias. El año pasado el convenio marcaba 18 horas lectivas y 9 complementarias para un total de 27 horas semanales. Dado que en la actualidad se mantiene el límite de 27 horas, haber subido las horas lectivas implica que han disminuido las complementarias. Éstas se deben repartir entre tutorías con los padres, tutorías individuales y tutorías con el departamento de orientación (estas tres horas son obligatorias), más la reunión del departamento y el resto entre guardias y supervisión de la biblioteca. La consecuencia en este centro es que no hay suficientes profesores para realizar las guardias.
El problema, apunta Jesús, es que el cupo de horas fue firmando en Julio, mientras que en nuevo Plan ha entrado en vigor en septiembre, con los consiguientes desajustes que esto implica. “Hubo falta de previsión. Al subir a 20 horas no pensaron en todo el caos que estaban generando”
Además, al llegar a las 20 horas lectivas, el convenio marca que les corresponden dos horas compensatorias. Actualmente no se están manteniendo las horas compensatorias. El descenso de docentes en tareas complementarias se hace sentir aún más cuando las clases han experimentado un gran aumento de alumnos. Concretamente, un curso de cuarto de la ESO llega a los 31 alumnos. El límite son 35. Pero aunque estén por debajo del límite, al ser un número tan elevado no se pueden utilizar laboratorios como el de física y química porque no caben todos.
El temor es que la Comunidad de Madrid pretenda equiparar el número de horas totales en la enseñanza pública con la de la privada, pasando de las 27 horas a un total de 30, de las cuales 25 serian lectivas. Según Jesús “no es lo mismo estar 20 horas en una pública con 27 alumnos, con problemas y con retrasos que 25 horas en la privada, donde los alumnos son escogidos”.
¿CONTRA LA ENSEÑANZA PRIVADA?
El favorecimiento a la enseñanza privada o concertada en detrimento de la pública es uno de los temas que más preocupan entre los manifestantes. Para Manuel, “es importante porque la enseñanza pública es algo que debemos defender todos porque es una enseñanza para todos; si lo que hacemos es defender la privada o promocionarla, hay unos que se van a quedar excluidos”. Otros, como José María, profesor de secundaria, revelan que “nos han recortado seis profesores y medio” al tiempo que aclara que “esto es recortar, quitarle el derecho a los alumnos de tener un futuro de educación pública en la que todos tengan igualdad de oportunidades. Ahora solo los que tienen dinero tienen futuro” y denuncia que “han iniciado una campaña de dejar de ir a la escuela pública para crear una especie de gueto y que a la escuela privada sea realmente a la que vayan los alumnos excelentes y con más posibilidades económicas”.
Desde el lado de los estudiantes, Jenny y Paula, que cursan un módulo de peluquería, desvelan que en su instituto han pasado de 25 profesores a 8 “y no tienen gente de guardia. Faltan profesores por todos lados”. El descenso del profesorado se ha traducido en que “había ESO el año pasado y este año nos hemos quedado solamente con gente de bachiller y de grado medio y grado superior”.
No obstante, José María reivindica que no ha habido un descenso en la calidad educativa de los centros “porque esto es como un partido de fútbol, cuando echan a un jugador los diez que quedan se matan más de lo que se estaban matando. Los que afortunadamente seguimos estamos haciendo el doble de trabajo”. En definitiva, han salido a la calle “por defender el futuro de los alumnos de ahora y los alumnos que están en primaria y educación infantil. Ahora mismo no tienen futuro y estamos luchando por ello”. No es la opinión de todo el mundo, algunos sí perciben el descenso de calidad de forma notable.
Rosa, profesora de primaria, asegura que “se están creando guetos en la enseñanza pública. Si los recursos se van a la privada, los alumnos se van a la privada porque los padres lo que quieren es lo mejor para sus hijos. Si están viendo que no se les está poniendo medios, que no hay logopeda en los colegios y no hay profesores de apoyo… se van a la privada, que allí sí que los van a encontrar aunque les cueste más caro”.
Además, en el Instituto Julio Caro Baroja inciden en la diferencia entre la escuela pública y la privada por los alumnos que ambas acogen. En la manifestación Manuel reclamaba que “lo que no puede ser es que en las privadas no hay los alumnos del tercer mundo, no hay alumnos inmigrantes porque los que van son los hijos de los embajadores”. Actualmente el límite de 35 alumnos por clase se reduce a 27 cuando entre ellos hay algún alumno de integración y/o compensatoria. Es decir, con problemas para aprender por minusvalías o que acumulan un desfase curricular de hasta dos años y su familia tiene problemas socioeconómicos. Además, el aula de enlace donde acudían los alumnos inmigrantes para adaptarse al país como paso previo a su integración en la dinámica habitual, fue suprimida el año pasado.
Sin embargo, para Jesús esto es normal ya que con la actual crisis se ha notado un descenso del número de inmigrantes, que están retornando a sus países. Según explica, no hay suficiente demanda y lo que se hace es derivar a los alumnos que se encuentren en esta situación a centros donde sí haya aula de enlace. En Fuenlabrada se ha pasado de un total de cuatro centros con aula de enlace en el curso 2008 a uno en 2011.
Pero no es la única partida que se ha visto recortada. El Programa de Refuerzo, Orientación y Apoyo (PROA), dedicado a ofrecer apoyo escolar a los alumnos que lo precisen fuera del horario de clase, ha sufrido una amplia remodelación. En este mismo centro, el curso anterior de PROA contaba con cuatro monitores que impartían docencia a alumnos desde 1º hasta 4º de la ESO. Actualmente, sólo continúa una monitora con alumnos de 1º de la ESO. La fundación que gestiona el programa, ADIS, ya se quejaba el curso anterior en previsión de un posible recorte que, finalmente, ha llegado.
Ante todo, la marcha no se define contra la enseñanza privada, sino en defensa de la pública. La opinión entre los participantes va en consonancia. De esta forma, Manuel afirmaba que “me parece muy bien que haya escuelas privadas pero siempre lo que tiene que haber es escuelas públicas no gestionadas privadamente sino por el poder público”.
UNA EDUCACIÓN INTERINA
Al abrigo de pancartas y calor humano de la masa, los profesores interinos caldean el gélido ambiente madrileño reivindicando sus derechos. Pero, ¿qué reclaman los interinos? El panorama que dibuja la ampliación de horas es el siguiente. Profesores con plaza fija en un centro escolar son desplazados a otro colegio o instituto. Aunque mantienen la plaza en su centro habitual, se encuentran cubriendo plazas de otras personas porque no hay suficiente espacio para ellos en su instituto. Al ocupar esta plaza, los desplazados impiden o retrasan el acceso a los profesores que tienen plaza pero están a la expectativa de destino. Al contar con plaza fija, éstos profesores perciben igual el sueldo estén en su casa o trabajando. Para Jesús, jefe de estudios en el Instituto Julio Caro Baroja, esto crea malestar social, pero “no es que estas personas no quieran trabajar”, sino que sebe a una mala previsión del Gobierno.
Por último, los principales afectados son los interinos que no reciben llamadas para cubrir puestos o tardan en recibirlas, con lo que no se potencia la formación práctica de nuevos docentes. En el instituto Julio Caro Baroja no ha habido despidos porque todos los docentes tienen plaza fija, pero se han frenado las incorporaciones para relevar a las jubilaciones y bajas. Sin embargo, éste no es el caso en todos los centros. Jorge Biedma reconocía tener “amigos que son profesores de secundaria, gente que estaba impartiendo clases escolares como interinos el año pasado y que ahora no han visto renovados sus contratos”.
En opinión de Jesús esto solo va en detrimento de los propios alumnos, que se encuentran perdidos a la deriva, con cambios de profesores una vez comenzado el curso escolar. Además, incide en que aunque no ha habido bajas médicas, los profesores acuden a las clases mermados físicamente, con afonías provocadas por el mayor número de horas y de alumnos por clase. Por el momento, las huelgas y la concienciación han conseguido que haya 1.200 interinos menos en paro.
EL CONFLICTO CONTINÚA
Pese a que no hay huelgas convocadas para diciembre con el objetivo de no perjudicar el final del primer trimestre, el conflicto continúa vigente. La clave es que todavía no se ha ratificado el Programa General Anual (PGA). Este Plan se compone del DOC (órdenes desde arriba que no han sido firmadas pero que finalmente se terminarán imponiendo) y del Programa del departamento (que ha sido aprobado). Al no firmarse el DOC porque los profesores no están conformes con las nuevas Instrucciones, ha habido un problema de liquidez financiera,
Hasta finales de noviembre, el Instituto Julio Caro Baroja no había percibido las ayudas anuales y dudaba de si iban a poder pagar servicios como el gas. Además, la no firma implica que no haya un buen seguro, por lo que las actividades extraescolares se han cancelado porque los alumnos serían completa responsabilidad del profesor. En definitiva, Jesús piensa que “algunos no tienen en cuenta la dificultad de ser profesor y enfrentarse a una base problemática”.
La marcha se reanuda llegando a Sol, centro neurálgico de todas las ideas y propuestas desde el pasado 15 de mayo. Entre proclamas y festejos el día termina. Mañana es otro día más para defender la escuela pública en las aulas, impartiendo clases. Pero la lucha no termina hoy. Como reconocía el representante de CCOO en el mitin de Gran Vía, “saben lo que están haciendo… y nosotros también y por eso estamos todos hoy aquí y vamos a seguir estando aquí el 21, el 22, el 27, en diciembre, en enero, en febrero… hasta cuando tengamos que dejar de hacerlo”. “Saben que tienen la carrera perdida, porque los padres y madres no somos padres por cuatro años… lo somos para toda la vida… y vamos a seguir aquí”.
Mensaje de esperanza que comparte Antonio, profesor de FP. En su opinión el mensaje más importante que se ha mandado es que “vamos a seguir insistiendo; no estamos dispuestos a echarnos para atrás. Esto es una carrera de largo recorrido y tenemos muy claro que esto no se acaba ni con una manifestación ni con un día de huelga o con ocho días de huelga”.
Pero la luz se ve al final del túnel, en opinión de Susana. “Me alegro muchísimo porque la juventud es la que tiene que tomar las riendas de todos los cambios que quieran porque ellos son muy pocos; el pueblo gana siempre porque ellos sin el pueblo se van al garete. Porque ellos son los que mandan pero, realmente, ¿quién los está sosteniendo, quién los está manteniendo? El pueblo. ¿Quién manda? El pueblo. Me alegra mucho ver que los hijos del pueblo están hoy aquí”.
Un mar de sonidos invade “Chinatown”, aunque sus habitantes permanezcan en silencio. En Chinatown nadie sabe nada; todos se afanan en su trabajo y sólo se preocupan por sus negocios. Chinatown es prospera y no entiende de horas o días. Más conocido como el Polígono de Cobo Calleja, esta ciudad comercial situada en Fuenlabrada (Madrid) emerge como un islote en el segundo cinturón industrial de Madrid. Las tiendas se extienden hasta donde no abarca la vista y sube al cielo una mezcolanza de lenguas: español, chino, árabe, turco, inglés… Pero los cimientos de esta particular torre de Babel no se mecen ante las tempestades económicas actuales, pues su idioma básico es el dinero.
El choque cultural es máximo. Al cruzar el puente de la Autovía Toledo cambiamos de continente y de estructura social. Cobo Calleja funciona como una pequeña representación de esa gran potencia que emerge como un dragón famélico amenazando con devorar lo se ponga delante. China vela por sus propios intereses, sin atender a las penurias u opiniones del prójimo. Esta es su política respecto a, por ejemplo, los derechos humanos. Pese a haber ratificado el Convenio de Viena de 1993, se aferran al principio de no intervención en los asuntos de un Estado miembro, reconocido por la Carta de las Naciones Unidas. Ante los derechos humanos, que valoran de forma positiva, oponen el derecho de un país a desarrollarse. Todo esto pese a que la misma Carta de N.U establece que el respeto a los derechos humanos es básico para promover el desarrollo de una nación.
China se ha centrado en reforzar su economía, consciente de que las jerarquías que mueven el mundo en la actualidad se miden en dólares. Esas fueron las bases del ‘Gran salto adelante’ y de la ‘Revolución cultural’ de 1966. China daba la espalda a su cultura tradicional basada en tres pilares (taoísmo, confucionismo y budismo) y abrazaba una nueva ideología, la del PCCh, basada en largas horas de trabajo y limitación de los derechos. El sistema jurídico chino se encamina a garantizar este silencio. Los delitos «contrarrevolucionarios», la «ley de secretos de Estado», la «ley de albergue e investigación», la «reeducación por el trabajo», las detenciones administrativas, la pena de muerte… Todas estas represalias se ciernen sobre el que se atreva a pensar de distinta forma o de cuestionar el saber del patriarca comunista.
La nueva religión elevaba al Secretario General del Partido a las alturas de un dios al que no se puede reprochar nada. Todo ello impone la ley del silencio sobre una población consciente de los inconvenientes que puede acarrear levantar la voz. Porque en medio de todas esas detenciones administrativas está la persecución y tortura, institucionalizadas en la práctica gracias a los “jefes de celda” de cada centro; otros presos que consiguen indultos o prebendas a cambio de evitar que los funcionarios del Estado se manchen las manos.
Éstas son medidas extremas. La principal arma es la férrea censura que ejerce el PCCh. Esto es lo que sucedió en 2001 con la repetición en bucle de una familia de practicantes de Falun Gong que se inmolaron a lo bonzo en protesta por la persecución que estaban recibiendo por parte del PCCh. Pero en vez de perjudicar al Gobierno, fueron usadas para justificar el peligro de esta “secta”. Porque las distintas creencias no tienen lugar en China. La única ideología permitida es la del PCCh, así lo demuestra la masacre a los uigures en 2009.
Atenazados por el miedo, consumidos por la incertidumbre, el pueblo está acostumbrado a sufrir en silencio. Sin embargo, la apertura al extranjero deriva en una grieta insondable por la que se cuelan nuevas ideas. De esta forma se están dando las primeras manifestaciones laborales; tanto las de trabajadores en la ciudad de Shenzhen en el distrito de Guangdong, como las de los comerciantes chinos en Madrid para solicitar poder vender alcohol.
Al PCCh se le abren múltiples frentes internacionales como el informe de Hillary Clinton en 2010 sobre la situación de los Derechos Humanos en China o la inquietante investigación sobre el tráfico de órganos publicado en 2006 por David Kilgour y David Matas. Pero su espada de Damocles pende de un hilo sostenido por su propio pueblo. La apertura a Occidente conlleva penetración de ideas además de capital. Si el dragón se desprende de su bozal, el bramido que emita puede derrumbar hasta los más sólidos cimientos.
El fallido intento de atentado ayer contra el primer ministro libio Abderrahim al Kib ha encendido de nuevo las alarmas sobre el devenir de la era post-Gadafi en Libia. Sin embargo, lo cierto es que cuesta mucho que un país sumido en las tinieblas de una cruel dictadura abra sus ojos a la democracia y no pestañeé ni dé bandazos de ciego. Su iris debe acostumbrarse poco a poco al inmenso foco de luz que les puede servir de guía. Ese lucero llamado libertad.
La historia de nuestro país nos sitúa en una posición privilegiada para entender el sentimiento reinante en Libia. Tras más de 41 años de sometimiento a la voluble voluntad del sátrapa más excéntrico, confluyen muchos intereses divergentes que tratan de imponerse. La analogía con la dictadura franquista es sorprendentemente precisa. La virtud de ambos líderes fue su capacidad para adaptarse a cada momento y saber aprovechar las oportunidades.
De este modo, las tendencias filo-nacional socialistas y filo-fascistas fueron contundentemente negadas cuando Estados Unidos nos ofreció la posibilidad de abandonar la autarquía. Entonces se reivindicaron más que nunca los crucifijos y el brazo en alto adquiría un significado más campechano, llegando a modificar incluso películas anteriores (“Rojo y Negro”). Gadafi tuvo un proceder análogo. Lo mismo se condenaba a la autarquía internacional como recibía en su jaima a Silvio Berlusconi, Tony Blair y José María Aznar.
Pese a todo, las diferencias son más que evidentes. Franco murió en la cama, aunque su régimen ya se encontraba decrépito y agonizante. Gadafi murió ejecutado por su pueblo en connivencia con la OTAN, en definitiva, con sus, hasta no hace tanto, amigos. Lejos quedan los días en que el M16 y la CIA colaboraban para interrogar (y torturar) a “sospechosos” de pertenecer a la red terrorista Al Qaeda.
Pero la OTAN ya ha formulado su decisión de retirar las tropas y Libia se enfrenta a un gran reto: partir de cero. Tampoco podemos seguir con la analogía en este punto puesto que en España los cimientos democráticos habían comenzado a construirse antes de la muerte del “generalísimo”. Pero el reto era hacer comprender los valores democráticos a las personas procedentes de ese franquismo y conseguir su colaboración en un frente común. A este propósito sirvió una larga transición que todavía deja sus secuelas (puede que 34 años sean suficientes para cambiar una ley electoral que ya no sirve a sus propósitos iniciales).
De igual forma, Libia se enfrenta al reto de conseguir la colaboración de toda la sociedad. La venganza no tiene (no debería) cabida en una democracia. Se debe contar con los leales a Gadafi, con los tuaregs y los bereberes. Pese a acontecimientos como el intento de atentado contra el primer ministro libio Abderrahim al Kib, el camino que se está tomando es el adecuado, lento pero seguro. No se puede esperar que de la noche a la mañana toda la sociedad deseche el pesado influjo de una ideología delirante como la de “el libro verde”, que adoctrinaba y enseñaba a no pensar y abracen los valores modernos. Al fin y al cabo en una guerra civil como la que ha tenido lugar, las heridas siempre son muy grandes (de eso también sabemos un rato) y no conviene echar sal y vinagre sobre ellas. Es recomendable recordar que en el lugar del frustrado atentado no hace ni tres meses que se proyectaba una gran fiesta de “Eid al Fitr” (fin del Ramadán) en conmemoración de un aniversario que nunca llegó a celebrarse: el 42 cumpleaños del golpe de estado del malogrado coronel Gadafi.
2011 será recordado por mucho tiempo. Han sucedido grandes acontecimientos en un año que todavía no ha dicho su última palabra. Desde la Primavera Árabe, pasando por los movimientos globales de protesta, la caída de tiranos y terroristas como Muamar el Gadafi y Osama Bin-Laden, nuevas etapas en conflictos de largo recorrido como el palestino-israelí y otros que tocan a su fin como la Guerra de Afganistán. Consecuencia de un mundo tan globalizado, las Organizaciones Internacionales, especialmente la ONU, han tenido numerosos casos en los que participar.
Pero si algo ha quedado patente en este tiovivo de revoluciones ha sido el impacto de la Agenda social a través de internet. Hay dos rasgos que definen esta participación de forma especial: horizontalidad e instantaneidad. Los sucesos son conocidos masivamente en todo el mundo y las decisiones por parte de la sociedad civil y sus consecuencias no se hacen esperar. Además, el consenso se busca a través de reuniones horizontales en las que no destacan líderes y en las que se atienden las opiniones de todos los participantes.
Esto contrasta frontalmente con organizaciones excesivamente burocráticas y en las que determinados miembros gozan de una importancia mayor. Así sucede en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde sus cinco miembros permanentes (EE.UU., China, Rusia, Reino Unido y Francia) tienen la potestad de vetar nuevas admisiones. Este es uno de los motivos por los que Palestina y Tíbet no son reconocidos como Estados ya que recibieron el veto de EE.UU. y China, respectivamente.
Los centros de decisión sufren un movimiento demasiado lento y pesado y en muchas ocasiones se cierne sobre ellos un velo de oscuridad en cuanto a sus intereses. No se puede entender de otra forma el apoyo a Muamar el Gadafi previo a la explosión de la revolución libia y la posterior alianza con el Consejo Nacional de Transición llevando al bombardeo de Sirte por parte de tropas de la OTAN hasta conseguir la captura y posterior ejecución del sátrapa libio. Los intereses que han llevado a cambiar tan radicalmente de opinión se encuentran ocultos.
Asimismo, la inoperancia a la hora de actuar de forma diligente supone elevados costes humanitarios. La pesada burocracia se transforma en una trampa mortal cuando atañe a asuntos tan delicados como los Derechos Humanos. Precisamente, se trata de uno de los objetivos principales de este organismo, que establece la Comisión de Derechos Humanos como encargado especial. Sin embargo, para reclamar ante esta comisión hay que pasar por varios intermediarios que se encargan de filtrar las demandas y descartar falsas informaciones. Además, para llegar hasta este lugar hay que realizar un largo viaje por el sendero de la normativa nacional. Algo que no siempre es posible y que da vía libre a que las protestas mueran represaliadas antes de nacer.
La globalización se ha visto acelerada y fomentada por las nuevas tecnologías de la información. La instantaneidad y horizontalidad han sido bien acogidas por parte de la agenda social que las usa diestramente. Sin embargo, la agenda política continúa en un estado de indefinición. Al mismo tiempo que la ONU reniega de un poder centralizador alegando el concepto de gobernanza y rehusando intervenir en las jurisdicciones nacionales, establece un Derecho internacional que permite la entrada en determinados conflictos. En definitiva, hay una falta de coherencia a la hora de actuar.
Su evolución se encamina hacia dos alternativas: configurarse como una Organización superior con potestad para actuar en los asuntos internos de los Estados miembros haciendo cumplir los Convenios suscritos; o imbuirse de un espíritu más transparente y democrático a la hora de tomar las decisiones, suprimiendo la capacidad de veto por parte de cinco Estados que se sitúan por encima del resto en la actualidad.
Hoy nos levantamos con una resaca monumental, con la sensación de que el mundo es un poco menos oscuro hoy que ayer. Porque el 20-O dio para mucho, y será un día largamente recordado. Sin embargo, este júbilo no debe cegar. Ayer ocurrieron dos muertes más que significativas. La primera, la ejecución del excéntrico sátrapa libio Muamar Gadafi; la segunda, simbólica, el fin de la banda terrorista ETA. Sin embargo, ambos decesos llevan aparejado un precio que alguien ha pagado.
Si nos detenemos a reflexionar sobre la muerte de Gadafi, no puede dejar de horrorizarnos su final. Los vídeos no dejan lugar a dudas de que en este caso se ha aplicado la legendaria ley del Talión. Sin entrar a juzgar cómo administra justicia cada estado, no podemos olvidar que su captura ha sido posible gracias al dinero, armamento y apoyo europeo y estadounidense (aunque en silencio). Hubo una muerte, ¿quién la pagó y qué es lo que dio?
Por parte del Consejo Nacional de Transición (CNT) parece claro el precio que ha pagado, la “colaboración” en provisión de recursos y explotación comercial de sus aliados en esta batalla. El diario Libération francés hizo público un informe del CNT fechado el 3 de abril de 2011 por el que acordaba conceder a Francia un 35% de la explotación petrolífera. Además, Abdel Yalil, presidente del CNT, ha reconocido que tendrán especial atención con las potencias que les han ayudado con su revolución. Algo que sirvió como acicate para China y Rusia, que no han tardado demasiado en cambiarse la chaqueta apostando por caballo ganador.
Pero Europa también ha pagado un precio muy alto. El adalid en contra de la pena de muerte ha contribuido decisivamente para que se ejecutara una. Pese a que la Carta de Naciones Unidas, llena de ambigüedades y resquicios, establece el principio de no intervención en los asuntos de un Estado miembro, Europa ha interpretado que en este caso no debía regirse por él. Sin embargo, la falta de coherencia es enorme porque no se puede responder con honestidad al por qué ayudan a la causa del CNT y no al pueblo sirio contra la cruenta represión de El Asad.
Las ganancias son, obviamente, eliminar a un vecino molesto e imprevisible para poder seguir nutriéndose con los recursos naturales libios. Pero el precio es tremendamente alto. A cambio han perdido esa altura moral de la que se congratulan. Y lo que es más, ha ofrecido su ayuda a un movimiento cuyo primer recurso en el poder ha sido el asesinar.
Son indicios preocupantes. Al igual que es inquietante la ascensión del poder islámico que ha seguido a la florida primavera árabe. Es posible que sus flores se estén marchitando y las gélidas heladas ocupen su lugar. Y si se surgen nuevos sátrapas, habrá sido con nuestro apoyo más directo. Celebrar un juicio justo a una persona que ha cometido tantas brutalidades es algo para festejar. Celebrar una muerte, nos debe dar más que pensar.
En la muerte (o coma profundo ¿irreversible?) de ETA también se han pagado precios muy elevados con una inflación galopante en indignación y coste humano. Muchas vidas se han quedado por el camino. Pero, ¿para qué? Aparte de atenazar la libertad de un pueblo, ETA no ha conseguido ninguno de sus propósitos. Pero ahora se abre un camino. Ellos pagan el precio de renunciar a las armas para poder iniciar un diálogo. ¿Estamos dispuestos a pagar algo nosotros o ya hemos pagado demasiado? Como en casi todas las peleas, lo más probable es que ambas partes deban llegar a un punto medio.
Al ser tan democráticos no nos debería escandalizar realizar un referéndum al pueblo vasco para que elija LIBREMENTE su futuro. Sin coacciones de ningún tipo. Por tanto, ETA paga dejar la violencia para ganar un diálogo abierto; España paga con esa apertura dialéctica para ganar el cese de la violencia. Y que luego hablen las urnas. El nacionalismo cada vez tiene menos sentido en este sistema de superestructuras mundiales tendente a un Estados Unidos de Europa, pero la mayoría de acciones del ser humano son ilógicas.
En cualquier caso queda claro que ninguna muerte es gratuita y que los precios pagados por algo tan valioso son muy elevados. Confiemos en no lamentar nuestra decisión porque en esta tienda que es la vida no se admiten devoluciones.
Aquí va uno de los pocos (casi el único) ejercicio audiovisual que he hecho este cuatrimestre. Y no es que sea gran cosa, pero no era fácil conseguir un resultado medio decente. Bueno, por si a alguien le interesa, aquí van las dos partes del collage. El ejercicio consistía en escoger un texto (Niña Topolino), fragmentarlo en partes y pensar en imágenes adecuadas (por una u otra razón) con esas palabaras o bien que estableciesen relaciones especiales para nosotros. Una vez escogidas, debíamos montar un vídeo de unos 30 segundos. De ahí que todo vaya tan rápido. La segunda parte consistía en reescribir el texto respetando el orden de las imágenes escogidas y el tiempo total e intentando que tuviera algo de coherencia. Ya sé que me ha quedado tipo sermón, pero por lo menos tiene sentido, ¿no?
Sábado, luces, acción. El joven chico se prepara para una noche de cine. En la sala ya no queda ni un alfiler, pero a él no le importa llegar tarde. Hoy echan la misma que ayer. Y aun le quedan muchas tardes y sábados para volverla a ver. El chico se acomoda en su asiento, con un cartón de palomitas en una mano y un refresco en la otra. Los ojos giran y giran a lo largo de la pantalla, resaltando más y más su inmovilidad. La chispa que se esconde en ellos revela un hálito de vida en un cuerpo disociado de su mente. El chico no está en sí; el chico rasga cortinas llenas de misterio, prestando apartamentos a jefes y conocidos del trabajo y guareciéndose con John en el fuerte de los villanos.
El chico se embarca en la misión de salvar a la dama en apuros. La eterna batalla entre Montesco y Capuleto marca un tempo alto, con María como blanco de pureza. El chico conoce lo que es el amor, escarcea con imágenes de Marilyn, de Rita, Audrey, Elizabeth, Greta, Vivien, Grace… es inundado por los haces de luz que salen del proyector. El chico asiste al descanso, pero ya no es tan chico. A la segunda sesión asiste con sus pequeños, como cada sábado noche. Se deleita con la imaginación de los infantes, que vuelan en naves siderales y juegan a descubrir replicantes. El mismo hálito de vida se adivina en sus ojos, aunque ahora brilla con más intensidad que nunca.
El hombre no se mueve de su silla, aunque sus hijos crezcan. No se mueve del asiento aunque su esposa envejezca. El hombre estaba tan absorto en su visión que no sabría decir cuánto tiempo lleva allí. El chico ya no es chico; el hombre peina canas entre barcos hundidos y anillos destruidos con una legión de nietos peleando por la tierra media. Peina canas como las han peinado con él sus compañeros: el bueno de Clint ya no es tan fiero, el paranoico Woody no es tan gracioso. El anciano echa de menos sus clásicos, su mente sigue cabalgando contra los indios.
Un buen día, el sabio cinéfilo acude a su última obra. La misma chispa de todos los sábados noche se ilumina. Ahora está solo, su esposa ya no se encuentra con él; sus hijos han crecido, sus nietos ven películas en el móvil. Las luces se apagan, el proyector se enciende, sus ojos de cierran… La película comienza. Se encuentra andando entre las tinieblas. Ve una luz, camina hacia ella. Encuentra la salida, pero descubre… La misma sala de cine de cuando era joven. Esta vez él es el protagonista de la película y a su alrededor se congregan todos sus conocidos. Sus nietos, sus hijos, todos de corta edad, corretean por las butacas. Se forma un corrillo en el que cuenta a Norman, a Alvin, a Ethan, a Sabrina, a Cleopatra… Están los jefes indios y los cowboys de media noche. Por las esquinas del escenario Campanilla persigue a Peter que se acerca para llevarle al país de Nunca Jamás. Sus pies empiezan a despegar, pero algo le ata al suelo. Mira a un lado… Su mujer. Su compañera, con un vestido blanco y peluca rubia luce más despampanante que nunca. Toma su mano y comienza el vuelo. El negativo muestra signos de estar quemándose, el proyector va apagando su luz. Otro sábado noche, otra película que contar.
Cuando los primeros grupos de homínidos salieron de sus cuevas y se encontraron con otros colectivos, sintieron miedo, preocupación. Ese temor se acrecentaba cuando comprobaron que esos “otros” tenían hábitos y costumbres distintas, y desembocó en un odio visceral. Se trata de una historia antigua que sigue estando presente en nuestra sociedad demócrata y libre. Exponía Carlos Herrera en un artículo de ABC que “Todos somos racistas. Y, además, nosotros, que tenemos el medio y el parné, clasistas”. Un argumento falaz basado en unas premisas poco justificables y nada aplicables al común de los mortales.
No obstante, se trata de una afirmación cierta para una sociedad que gusta de vestirse con el velo de la hipocresía y tocarse los cabellos con cinismo e intolerancia. Porque las reticencias hacia el hiyab se basan, principalmente, en ataques a una supuesta reminiscencia de una cultura atrasada, pobre y sometida. Incluso, de una sociedad violenta y fundamentalista. Esta violencia se justifica con números ejemplos, aludiendo a la yihad, olvidando que integrismo y fundamentalismo no son sinónimos y que nuestra “propia” cultura se basa en unos fundamentos misóginos. Se alude a la aspiración del Islam por expandirse y cubrir el cuerpo de todo el mundo. De nuevo, nos encontramos con argumentos de escasa validez y que pecan de etnocentrismo. No tienen en cuenta que existe la visión del otro.
No se molestan en conocer el porqué de esa decisión. Si lo hiciesen, podrían llegar a admitir que muchas mujeres musulmanas portan el velo para conseguir que su entorno se enamore de su interior, no de su físico. Entenderían que el abuso de maquillaje y de prendas consideradas como “sexys” encaja en la visión de una sociedad patriarcal en el que la mujer es vista en términos sexuales sometida al falocentrismo. No obstante, este último argumento no deja de ser una posible perspectiva. No por eso habría que imponer a las mujeres occidentales una norma que las “ayude” a conseguir la autonomía del hombre. La libertad de culto y expresión se configuran como pilares de nuestra sociedad. Sus alas solo deben ser cortadas en su conflicto con derechos humanos.
Por tanto, no es cierto, como exponía Vargas Llosa en su artículo de El País que el hiyab suponga la primera cabeza de playa para invadir y destruir los principios laicos de la democracia. Como argumenta el escritor, el multiculturalismo es una senda peligrosa que puede llevar a la formación de guetos con señales de identidad propias. El camino debe ser la pluralidad, pero esto conlleva una tolerancia recíproca. La diferencia entre el velo y otras prácticas como la ablación radica en que la segunda atenta contra los derechos fundamentales y, por tanto, no debe ser permitida. Un velo puede servir para muchas cosas, entre otras, para esconder intenciones. No es hora de seguir tendiendo capas y capas para ocultar nuestras verdaderas creencias.