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Noticias internacionales

El bozal del Gran Dragón Asiático

Un mar de sonidos invade “Chinatown”, aunque sus habitantes permanezcan en silencio. En Chinatown nadie sabe nada; todos se afanan en su trabajo y sólo se preocupan por sus negocios. Chinatown es prospera y no entiende de horas o días. Más conocido como el Polígono de Cobo Calleja, esta ciudad comercial situada en Fuenlabrada (Madrid) emerge como un islote en el segundo cinturón industrial de Madrid. Las tiendas se extienden hasta donde no abarca la vista y sube al cielo una mezcolanza de lenguas: español, chino, árabe, turco, inglés… Pero los cimientos de esta particular torre de Babel no se mecen ante las tempestades económicas actuales, pues su idioma básico es el dinero.

El choque cultural es máximo. Al cruzar el puente de la Autovía Toledo cambiamos de continente y de estructura social. Cobo Calleja funciona como una pequeña representación de esa gran potencia que emerge como un dragón famélico amenazando con devorar lo se ponga delante. China vela por sus propios intereses, sin atender a las penurias u opiniones del prójimo. Esta es su política respecto a, por ejemplo, los derechos humanos. Pese a haber ratificado el Convenio de Viena de 1993, se aferran al principio de no intervención en los asuntos de un Estado miembro, reconocido por la Carta de las Naciones Unidas. Ante los derechos humanos, que valoran de forma positiva, oponen el derecho de un país a desarrollarse. Todo esto pese a que la misma Carta de N.U establece que el respeto a los derechos humanos es básico para promover el desarrollo de una nación.

China se ha centrado en reforzar su economía, consciente de que las jerarquías que mueven el mundo en la actualidad se miden en dólares. Esas fueron las bases del ‘Gran salto adelante’ y de la ‘Revolución cultural’ de 1966. China daba la espalda a su cultura tradicional basada en tres pilares (taoísmo, confucionismo y budismo) y abrazaba una nueva ideología, la del PCCh, basada en largas horas de trabajo y limitación de los derechos. El sistema jurídico chino se encamina a garantizar este silencio. Los delitos «contrarrevolucionarios», la «ley de secretos de Estado», la «ley de albergue e investigación», la «reeducación por el trabajo», las detenciones administrativas, la pena de muerte… Todas estas represalias se ciernen sobre el que se atreva a pensar de distinta forma o de cuestionar el saber del patriarca comunista.

La nueva religión elevaba al Secretario General del Partido a las alturas de un dios al que no se puede reprochar nada. Todo ello impone la ley del silencio sobre una población consciente de los inconvenientes que puede acarrear levantar la voz. Porque en medio de todas esas detenciones administrativas está la persecución y tortura, institucionalizadas en la práctica gracias a los “jefes de celda” de cada centro; otros presos que consiguen indultos o prebendas a cambio de evitar que los funcionarios del Estado se manchen las manos.

Éstas son medidas extremas. La principal arma es la férrea censura que ejerce el PCCh. Esto es lo que sucedió en 2001 con la repetición en bucle de una familia de practicantes de Falun Gong que se inmolaron a lo bonzo en protesta por la persecución que estaban recibiendo por parte del PCCh. Pero en vez de perjudicar al Gobierno, fueron usadas para justificar el peligro de esta “secta”. Porque las distintas creencias no tienen lugar en China. La única ideología permitida es la del PCCh, así lo demuestra la masacre a los uigures en 2009.

Atenazados por el miedo, consumidos por la incertidumbre, el pueblo está acostumbrado a sufrir en silencio. Sin embargo, la apertura al extranjero deriva en una grieta insondable por la que se cuelan nuevas ideas. De esta forma se están dando las primeras manifestaciones laborales; tanto las de trabajadores en la ciudad de Shenzhen en el distrito de Guangdong, como las de los comerciantes chinos en Madrid para solicitar poder vender alcohol.

Al PCCh se le abren múltiples frentes internacionales como el informe de Hillary Clinton en 2010 sobre la situación de los Derechos Humanos en China o la inquietante investigación sobre el tráfico de órganos publicado en 2006 por David Kilgour y David Matas. Pero su espada de Damocles pende de un hilo sostenido por su propio pueblo. La apertura a Occidente conlleva penetración de ideas además de capital. Si el dragón se desprende de su bozal, el bramido que emita puede derrumbar hasta los más sólidos cimientos.

Democracia lenta pero segura

28/11/2011 – Alberto Serrano Martín

El fallido intento de atentado ayer contra el primer ministro libio Abderrahim al Kib ha encendido de nuevo las alarmas sobre el devenir de la era post-Gadafi en Libia. Sin embargo, lo cierto es que cuesta mucho que un país sumido en las tinieblas de una cruel dictadura abra sus ojos a la democracia y no pestañeé ni dé bandazos de ciego. Su iris debe acostumbrarse poco a poco al inmenso foco de luz que les puede servir de guía. Ese lucero llamado libertad.

La historia de nuestro país nos sitúa en una posición privilegiada para entender el sentimiento reinante en Libia. Tras más de 41 años de sometimiento a la  voluble voluntad del sátrapa más excéntrico, confluyen muchos intereses divergentes que tratan de imponerse. La analogía con la dictadura franquista es sorprendentemente precisa. La virtud de ambos líderes fue su capacidad para adaptarse a cada momento y saber aprovechar las oportunidades.

De este modo, las tendencias filo-nacional socialistas y filo-fascistas fueron contundentemente negadas cuando Estados Unidos nos ofreció la posibilidad de abandonar la autarquía. Entonces se reivindicaron más que nunca los crucifijos y el brazo en alto adquiría un significado más campechano, llegando a modificar incluso películas anteriores (“Rojo y Negro”). Gadafi tuvo un proceder análogo. Lo mismo se condenaba a la autarquía internacional como recibía en su jaima a Silvio Berlusconi, Tony Blair y José María Aznar.

Pese a todo, las diferencias son más que evidentes. Franco murió en la cama, aunque su régimen ya se encontraba decrépito y agonizante. Gadafi murió ejecutado por su pueblo en connivencia con la OTAN, en definitiva, con sus, hasta no hace tanto, amigos. Lejos quedan los días en que el M16 y la CIA colaboraban para interrogar (y torturar) a “sospechosos” de pertenecer a la red terrorista Al Qaeda.

Pero la OTAN ya ha formulado su decisión de retirar las tropas y Libia se enfrenta a un gran reto: partir de cero. Tampoco podemos seguir con la analogía en este punto puesto que en España los cimientos democráticos habían comenzado a construirse antes de la muerte del “generalísimo”. Pero el reto era hacer comprender los valores democráticos a las personas procedentes de ese franquismo y conseguir su colaboración en un frente común. A este propósito sirvió una larga transición que todavía deja sus secuelas (puede que 34 años sean suficientes para cambiar una ley electoral que ya no sirve a sus propósitos iniciales).

De igual forma, Libia se enfrenta al reto de conseguir la colaboración de toda la sociedad. La venganza no tiene (no debería) cabida en una democracia. Se debe contar con los leales a Gadafi, con los tuaregs y los bereberes. Pese a acontecimientos como el intento de atentado contra el primer ministro libio Abderrahim al Kib, el camino que se está tomando es el adecuado, lento pero seguro. No se puede esperar que de la noche a la mañana toda la sociedad deseche el pesado influjo de una ideología delirante como la de “el libro verde”, que adoctrinaba y enseñaba a no pensar y abracen los valores modernos. Al fin y al cabo en una guerra civil como la que ha tenido lugar, las heridas siempre son muy grandes (de eso también sabemos un rato) y no conviene echar sal y vinagre sobre ellas. Es recomendable recordar que en el lugar del frustrado atentado no hace ni tres meses que se proyectaba una gran fiesta de “Eid al Fitr” (fin del Ramadán) en conmemoración de un aniversario que nunca llegó a celebrarse: el 42 cumpleaños del golpe de estado del malogrado coronel Gadafi.

RETOS PARA UNA ONU 2.0

28/11/2011 – Alberto Serrano Martín

2011 será recordado por mucho tiempo. Han sucedido grandes acontecimientos en un año que todavía no ha dicho su última palabra. Desde la Primavera Árabe, pasando por los movimientos globales de protesta, la caída de tiranos y terroristas como Muamar el Gadafi y Osama Bin-Laden, nuevas etapas en conflictos de largo recorrido como el palestino-israelí y otros que tocan a su fin como la Guerra de Afganistán. Consecuencia de un mundo tan globalizado, las Organizaciones Internacionales, especialmente la ONU, han tenido numerosos casos en los que participar.

Pero si algo ha quedado patente en este tiovivo de revoluciones ha sido el impacto de la Agenda social a través de internet. Hay dos rasgos que definen esta participación de forma especial: horizontalidad e instantaneidad. Los sucesos son conocidos masivamente en todo el mundo y las decisiones por parte de la sociedad civil y sus consecuencias no se hacen esperar. Además, el consenso se busca a través de reuniones horizontales en las que no destacan líderes y en las que se atienden las opiniones de todos los participantes.

Esto contrasta frontalmente con organizaciones excesivamente burocráticas y en las que determinados miembros gozan de una importancia mayor. Así sucede en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde sus cinco miembros permanentes (EE.UU., China, Rusia, Reino Unido y Francia) tienen la potestad de vetar nuevas admisiones. Este es uno de los motivos por los que Palestina y Tíbet no son reconocidos como Estados ya que recibieron el veto de EE.UU. y China, respectivamente.

Los centros de decisión sufren un movimiento demasiado lento y pesado y en muchas ocasiones se cierne sobre ellos un velo de oscuridad en cuanto a sus intereses. No se puede entender de otra forma el apoyo a Muamar el Gadafi previo a la explosión de la revolución libia y la posterior alianza con el Consejo Nacional de Transición llevando al bombardeo de Sirte por parte de tropas de la OTAN hasta conseguir la captura y posterior ejecución del sátrapa libio. Los intereses que han llevado a cambiar tan radicalmente de opinión se encuentran ocultos.

Asimismo, la inoperancia a la hora de actuar de forma diligente supone elevados costes humanitarios. La pesada burocracia se transforma en una trampa mortal cuando atañe a asuntos tan delicados como los Derechos Humanos. Precisamente, se trata de uno de los objetivos principales de este organismo, que establece la Comisión de Derechos Humanos como encargado especial. Sin embargo, para reclamar ante esta comisión hay que pasar por varios intermediarios que se encargan de filtrar las demandas y descartar falsas informaciones. Además, para llegar hasta este lugar hay que realizar un largo viaje por el sendero de la normativa nacional. Algo que no siempre es posible y que da vía libre a que las protestas mueran represaliadas antes de nacer.

La globalización se ha visto acelerada y fomentada por las nuevas tecnologías de la información. La instantaneidad y horizontalidad han sido bien acogidas por parte de la agenda social que las usa diestramente. Sin embargo, la agenda política continúa en un estado de indefinición. Al mismo tiempo que la ONU reniega de un poder centralizador alegando el concepto de gobernanza y rehusando intervenir en las jurisdicciones nacionales, establece un Derecho internacional que permite la entrada en determinados conflictos. En definitiva, hay una falta de coherencia a la hora de actuar.

Su evolución se encamina hacia dos alternativas: configurarse como una Organización superior con potestad para actuar en los asuntos internos de los Estados miembros haciendo cumplir los Convenios suscritos; o imbuirse de un espíritu más transparente y democrático a la hora de tomar las decisiones, suprimiendo la capacidad de veto por parte de cinco Estados que se sitúan por encima del resto en la actualidad.

La muerte tiene un precio

21/11/2011 – Alberto Serrano Martín

Hoy nos levantamos con una resaca monumental, con la sensación de que el mundo es un poco menos oscuro hoy que ayer. Porque el 20-O dio para mucho, y será un día largamente recordado. Sin embargo, este júbilo no debe cegar. Ayer ocurrieron dos muertes más que significativas. La primera, la ejecución del excéntrico sátrapa libio Muamar Gadafi; la segunda, simbólica, el fin de la banda terrorista ETA. Sin embargo, ambos decesos llevan aparejado un precio que alguien ha pagado.

Si nos detenemos a reflexionar sobre la muerte de Gadafi, no puede dejar de horrorizarnos su final. Los vídeos no dejan lugar a dudas de que en este caso se ha aplicado la legendaria ley del Talión. Sin entrar a juzgar cómo administra justicia cada estado, no podemos olvidar que su captura ha sido posible gracias al dinero, armamento y apoyo europeo y estadounidense (aunque en silencio). Hubo una muerte, ¿quién la pagó y qué es lo que dio?

Por parte del Consejo Nacional de Transición (CNT) parece claro el precio que ha pagado, la “colaboración” en provisión de recursos y explotación comercial de sus aliados en esta batalla. El diario Libération francés hizo público un informe del CNT fechado el 3 de abril de 2011 por el que acordaba conceder a Francia un 35% de la explotación petrolífera. Además, Abdel Yalil, presidente del CNT, ha reconocido que tendrán especial atención con las potencias que les han ayudado con su revolución. Algo que sirvió como acicate para China y Rusia, que no han tardado demasiado en cambiarse la chaqueta apostando por caballo ganador.

Pero Europa también ha pagado un precio muy alto. El adalid en contra de la pena de muerte ha contribuido decisivamente para que se ejecutara una. Pese a que la Carta de Naciones Unidas, llena de ambigüedades y resquicios, establece el principio de no intervención en los asuntos de un Estado miembro, Europa ha interpretado que en este caso no debía regirse por él. Sin embargo, la falta de coherencia es enorme porque no se puede responder con honestidad al por qué ayudan a la causa del CNT y no al pueblo sirio contra la cruenta represión de El Asad.

Las ganancias son, obviamente, eliminar a un vecino molesto e imprevisible para poder seguir nutriéndose con los recursos naturales libios. Pero el precio es tremendamente alto. A cambio han perdido esa altura moral de la que se congratulan. Y lo que es más, ha ofrecido su ayuda a un movimiento cuyo primer recurso en el poder ha sido el asesinar.

Son indicios preocupantes. Al igual que es inquietante la ascensión del poder islámico que ha seguido a la florida primavera árabe. Es posible que sus flores se estén marchitando y las gélidas heladas ocupen su lugar. Y si se surgen nuevos sátrapas, habrá sido con nuestro apoyo más directo. Celebrar un juicio justo a una persona que ha cometido tantas brutalidades es algo para festejar. Celebrar una muerte, nos debe dar más que pensar.

En la muerte (o coma profundo ¿irreversible?) de ETA también se han pagado precios muy elevados con una inflación galopante en indignación y coste humano. Muchas vidas se han quedado por el camino. Pero, ¿para qué? Aparte de atenazar la libertad de un pueblo, ETA no ha conseguido ninguno de sus propósitos. Pero ahora se abre un camino. Ellos pagan el precio de renunciar a las armas para poder iniciar un diálogo. ¿Estamos dispuestos a pagar algo nosotros o ya hemos pagado demasiado? Como en casi todas las peleas, lo más probable es que ambas partes deban llegar a un punto medio.

Al ser tan democráticos no nos debería escandalizar realizar un referéndum al pueblo vasco para que elija LIBREMENTE su futuro. Sin coacciones de ningún tipo. Por tanto, ETA paga dejar la violencia para ganar un diálogo abierto; España paga con esa apertura dialéctica para ganar el cese de la violencia. Y que luego hablen las urnas. El nacionalismo cada vez tiene menos sentido en este sistema de superestructuras mundiales tendente a un Estados Unidos de Europa, pero la mayoría de acciones del ser humano son ilógicas.

En cualquier caso queda claro que ninguna muerte es gratuita y que los precios pagados por algo tan valioso son muy elevados. Confiemos en no lamentar nuestra decisión porque en esta tienda que es la vida no se admiten devoluciones.

Todo menos la lengua

 ENTREVISTA/REPORTAJE

 

 

POR Mónica  Patiño Talavera, Alberto Serrano Martín y Victoria Silva Sánchez

 En los últimos días, el mundo entero ha vuelto su mirada hacia Asia. Pero, como en otras tantas ocasiones, su forma de ver es selectiva. El desastre que se precipitó sobre Japón no es la única tragedia presente en el continente oriental.

En su país vecino se producen a diario múltiples casos de tortura, detenciones ilegales e incluso pena de muerte. Una nación totalitaria en la que sus ciudadanos no tienen el derecho a pensar o creer en algo diferente al comunismo. Una sociedad que persigue a numerosos colectivos, haciendo que los términos ‘genocidio’ y ‘crímenes contra la humanidad’ cobren sentido.

Entre los grupos perseguidos se encuentra el movimiento espiritual Falun Dafa. Los practicantes de esta creencia que han tenido la suerte de escapar al Régimen se encuentran encerrados en el extranjero, sin posibilidad de regresar.

Este es el caso de Joaquín Gan, profesor de chino en Madrid. Con la amabilidad y gentileza que caracteriza a este pueblo milenario y a los seguidores de este movimiento, abre su alma para relatar su experiencia personal y hacer saber la situación real del país oriental.

¿Qué se esconde detrás del maquillaje de la potencia llamada a liderar el mundo en los próximos años? China, una potencia de la que todo el mundo habla pero a la que muy pocos logran acceder

UNA VIDA DESARRAIGADA

¿Cuánto tiempo lleva viviendo en España?

Veinte años. Desde 1991.

En 1989 tuvo lugar la revuelta de Tiananmen, ¿estuvo presente cuando se produjo la gran matanza de universitarios?

Cuando estaba en China no me enteré. En televisión se decía que no se habían producido disparos… Mentira. Se daba otra información y yo creía en su mentira. Pero cuando llego aquí me entero de todo.

¿Por qué se fue de su país?

Vine para trabajar, para mejorar la vida.

¿Qué pasaría si ahora mismo decidiese volver?

Sería peligroso. Seguramente en la aduana la policía ya me detendría y podría estar sometido a todo esto: torturas, ejecución. Todo es posible.

Concretamente, si Joaquín decidiese volver a China, se vería expuesto a normativas como la Ley de Albergue e Investigación que permite retener a una persona durante tres meses en paradero desconocido. Después, continuaría en un campo de re-educación. En el caso de ser “juzgado”, en su contra se alzarían la Ley de Seguridad del Estado y de Secretos de Estado que, en la práctica, sirven para juzgar a cualquier persona con ideas diferentes a la del Gobierno. Finalmente, se vería expuesto a la pena de muerte, en cuyo caso, puede que no tuviese acceso al abogado hasta el día del juicio. Todo este proceso se vería acompañado de palizas, torturas como la llamada «cama del tigre» e incluso extracción de órganos provocándole la muerte.

¿Tiene familiares en China?

Sí, una hermana.

Y ¿se puede poner en contacto con ella? ¿Hablar con ella?

Sí, por teléfono. Normalmente nunca se habla de estos temas. Para mí no pasa nada, pero para ella… tiene miedo en su corazón. Cuando hablas de estos temas se nota. Cualquier chino lo tiene.

El gobierno chino puede escuchar las conversaciones por móvil…

Sí, por móvil o por cualquier teléfono.

Entonces esa llamada, ¿la pueden estar escuchando?

Es posible. De este tema apenas hablamos. Conversamos sobre cómo se encuentra ella, la familia, la vida.

¿Lleva muchos años sin ver a su hermana?

Sí, hace más de 10 años

¿Cuántos años lleva sin viajar a su país?

No lo recuerdo bien… desde el 97 o el 99. Más de 10 años.

¿Y le gustaría volver?

Sí, pero si no acaba la persecución no puedo viajar.

FALUN GONG

Pero, ¿qué es Falun Dafa o Falun Gong? Se trata de un movimiento espiritual que busca la purificación del alma a través del ejercicio físico y del cumplimiento de sus tres principios: verdad, benevolencia y tolerancia.

Aparte de estos principios, ¿hay alguna creencia similar al dios cristiano o árabe?

Sí, creemos en Dios. Un dios en general.

¿A qué se dedica la organización de Falun Gong? Esta reconocida en 70 estados, pero no en China…

Ahora en 140 países. No es una organización, sino una práctica. La gente todos los domingos practica en parques. No hay centro, no hay templo, ¿sabes? No tiene estas cosas rituales.

El Gobierno cuando ve que hay tanta gente practicando, cien millones de personas que tienen otra creencia y no puede controlar su mente, piensa que es una amenaza.

Falun Gong fue fundado en 1992 por Li Hongzhi como una variante del milenario Qui Gong o “yoga chino”. Una creencia que fue suprimida, como todas las demás, en 1949 cuando el Partido Comunista Chino (PCCh) tomó el poder, pero que se había beneficiado de la apertura ideoló-gica debido al vacío espiritual post-Mao de los años 80

Y entonces, ¿por qué el Gobierno Chino decidió ilegalizarlo?

Falun Gong ayuda a mucha gente a mejorar su salud y desaparece su enfermedad. Entonces este grupo de gente se expandió muy rápido hasta cien millones de personas

¿Cien millones?

Sí. El Gobierno cuando ve que hay tanta gente practicando, cien millones de personas que tienen otra creencia y no puede controlar su mente, piensa que es una amenaza.

¿Otra creencia diferente a cuál?

En China sabes que hay una dictadura comunista. La única creencia legal es el comunismo. Se persiguen todas las religiones: cristianos, católicos, budistas, tibetanos… Entonces, cuando Falun llega a los cien millones de personas, ellos tienen mucho miedo porque no pueden controlar sus mentes.

 

La alarma entre sus dirigentes (en especial en el presidente Jiang Zemin) cundió en 1996 cuando el libro de Li, Girando la Rueda de la Ley, vendió casi un millón de copias.

El 20 de julio de 1999 comenzó la persecución en todo el país del Sol Naciente contra Falun Dafa.

El presidente Jiang creó una fuerza especial, la “oficina 610” para encabezar el ataque. Hasta septiembre de 2002 más de 6.000 practicantes fueron condenados a reclusión prolongada y más de mil practicantes fueron recluidos de forma ilegal en 43 hospitales psiquiátricos, donde se les inyecta-ron drogas nocivas para el Sistema Nervioso.

TRÁFICO DE ÓRGANOS

Amnistía Internacional afirma que hay tráfico de órganos de personas ejecutadas, ¿eso es verdad?

Sí. Yo llamé un día, llamé mucho por teléfono a los hospitales. Por lo menos en dos hospitales me dijeron «Sí hay».

Les dije que llamaba de España y que un amigo mío tiene un problema de riñón y necesita un trasplante. Pregunto si hay, y ellos dicen que sí. Normalmente, tienes que esperar tres semanas o dos y puede conseguir un órgano.

Esto es posible por varios motivos. Primero, por la renuencia cultural que existe entre el pueblo chino a las donaciones. Segundo, a que no existe un sistema de donación de órganos. Pero tercero, y más importante, debido a que esta práctica se recubre de una aparente legalidad. El Gobierno pide el consentimiento a los familiares, pero les obliga a aceptar, ya que si se niegan deben correr con todos los gastos del encarcelamiento. Cifras que en la mayoría de los casos (la población más afectada por las ejecuciones son campesinos pobres) no se pueden permitir.

En la superficie es todo muy bonito, pero dentro, todo, todo es muy oscuro. ¿Entiendes? Ellos engañan a todo el mundo.

El número de trasplantes, ha aumentado de forma exponencial en la primera década del siglo XXI según el informe de David Kilgour y David Matas, publicado el 6 de julio de 2006. Pasamos de 18.500 en el periodo comprendido entre 1994 y 1999 a 41.500 entre 2000 y 2005. Este aumento se ha producido desde que se inició la persecución a Falun Gong.

Aseveración que cobra sentido en las imágenes de cuerpos mutilados con incisiones como las que ilustran este reportaje.  Esta tendencia es refrendada por numerosos testimonios.

Entre ellos, la siguiente llamada, tomada literalmente de este informe:

Centro de Detención de la ciudad de Mishan,(8 de junio de 2006):

M: “¿Tiene proveedores de [órganos] de Falun Gong?…”

Sr. Li: Sí, solemos tener.

M: … ¿Y ahora?

Sr. Li: … Sí.

M: “… ¿Cuántos [practicantes de Falun Gong] de menos de 40 años tienen?”

Sr. Li: Bastantes.

M: “Ahora, en cuanto a… los [prisioneros] masculinos de Falun Gong, ¿cuántos tienen?”

Sr. Li: Siete, ocho, tenemos [al menos] cinco, seis ahora.

M: ¿Son del campo o de la ciudad?

Sr. Li: Del campo.

Según el Centro Asistencial Internacional de Trasplantes de China, “Puede tomar sólo una semana encontrar el donante (de riñón) compatible”. En Canadá el tiempo de espera promedio era de 32.5 meses en 2003. Dado que un riñón sólo es válido entre 24 y 48 horas, la única explicación posible es la existencia de un amplio grupo de donantes vivos.

UN PUEBLO CONTROLADO

Es una dictadura y el Gobierno tiene miedo de que el pueblo chino se entere de qué pasa. Si no hubiese censura quizá se podría enterar de que se han asesinado a 80 millones personas del pueblo chino, el doble de la población española. Es increíble.

¿A lo largo de cuántos años han muerto esos 80 millones?

Desde que se inicio el régimen comunista. Desde 1949 hasta ahora. Es un movimiento continuo que no para. Y toda esa gente es gente inocente.

Y el ejército chino, la policía, ¿por qué no se subleva y se pone de parte de los ciudadanos?

Estoy seguro de que algún día lo hará, se pondrá de parte del pueblo.

Pero mientras tanto han muerto 80 millones de personas. Son muchas.

Sí, demasiadas. Es el régimen más perverso de toda la historia humana. Es la teoría comunista. En la superficie es todo muy bonito, pero dentro, todo, todo es muy oscuro. ¿Entiendes? Ellos engañan a todo el mundo. Así se logra que una clase se enfrente con otra clase.

Es genocidio.

Sí, es genocidio. La persecución de Falun Gong también es genocidio.

¿Cree que el resto de naciones se tapan los ojos ante lo que realmente pasa en China por intereses?

Sí. No sé si por intereses económicos o porque se encuentran engañados por China. Es una cosa un poco triste. No ha cambiado nada.

La entrevista llega a su fin. Joaquín con su imborrable sonrisa en los labios y con su inconmensurable gentileza se despide casi de forma reverencial, esperando que esta conversación ayude a su pueblo. Aguardando el momento tan deseado en el que el pueblo chino consiga, finalmente, su libertad•

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Si no sabe árabe, no conoce el título de este artículo. No se preocupe, se lo digo yo: RECORTANDO ENLACES. Si no supiera español, alguien se lo debería explicar. Esto no sucede actualmente en la enseñanza pública, donde se suprimen las Aulas de Enlace y sólo se enseña una palabra: recorte.

Chen Jue no tiene amigos, Chen Jue no habla con nadie, Chen Jue se encuentra abocada al fracaso escolar. ¿Por qué? Chen Jue no sabe español. Se encuentra en segundo de la ESO, y ya en el primer término del curso escolar, no tiene esperanzas de pasar a tercero. Llegó a España hace cuatro años y desde hace dos acude al IES Julio Caro Baroja en la localidad madrileña de Fuenlabrada. Los primeros meses recibió una ayuda inestimable: el aula de enlace. Las aulas de enlace sirven para que el alumnado inmigrante que se incorpora al sistema educativo español aprenda el idioma, las costumbres y unas pautas para facilitar su integración. Es una iniciativa de la Comunidad de Madrid enmarcada en el Programa de Escuelas de Bienvenida. Entre sus objetivos se encuentran posibilitar una atención personalizada a los alumnos con desconocimiento del español y facilitar y acortar su integración en las mejores condiciones.

El tiempo máximo de estancia en este programa es de nueve meses. De esta forma, Chen Jue agotó su crédito hace tiempo y ya sólo le queda el apoyo de las actividades extracurriculares. Sin embargo, esto solo incluye la materia lingüística y resulta insuficiente ya que en el resto de las asignaturas no recibe ninguna ayuda. Además, asiste dos tardes por semana a un programa de apoyo escolar perteneciente al centro TRAMA, el Programa de Refuerzo, Orientación y Apoyo (PROA). En él, he podido comprobar de primera mano sus dificultades escolares. Y es que Chen Jue, a diferencia de sus compañeros, no muestra ninguna dificultad en materias como matemáticas o inglés, pero sí en todas las demás. A diferencia del resto, es una alumna muy trabajadora, muy callada y muy aislada. Proviene de una cultura muy diferente y no entiende la algarabía y la revolución de hormonas de sus compañeros. Pese a ser bastante inteligente, tiene un grave retraso educativo. No es de extrañar cuando en la primera clase hay que enseñarle qué es una carretera o incluso una piedra. No se lleven las manos a la cabeza si no diferencia entre verdadero y falso porque para ella éstas son palabras desconocidas. Tampoco se alarmen si Chen Jue suspende casi todas las asignaturas; no puede estudiar palabras que no entiende.

Pero su caso es especial ya que presenta una dificultad especial para aprender nuestro idioma. Peor suerte corren los inmigrantes que lleguen este año ya que la Comunidad de Madrid ha decidido suprimir un buen número de aulas de enlace. Un movimiento que ya se empezó a gestar el año pasado cuando redujeron el número de profesores que impartía clase en el aula de enlace con el curso ya empezado. Así sucedió en el IES Julio Caro Baroja donde la profesora asignada, Encarna Narváez, se vio obligada a dejar el aula e incorporarse al departamento de filosofía. Esto se produjo a finales de octubre y supuso un contratiempo ya que el profesor que ocupaba la plaza de filosofía tuvo que dejar su puesto y ella se vio enfrente de una clase de segundo de bachillerato para la que, en vísperas de selectividad, no había podido preparar el curso debidamente.

Aparte de los motivos laborales, Encarna se siente especialmente involucrada ya que, según ella, “estos chicos se encuentran en un choque cultural brutal ya que, por un lado, en el ambiente doméstico no se habla en español y ahora en el ambiente académico no aprenden el español. Por tanto, cada vez se dificulta más la integración”. El Aula de Enlace en el que impartía clase Encarna suponía una auténtica torre de Babel en el que los alumnos se ofrecían ayuda mutua con un objetivo común: integrarse en el instituto. Los alumnos proceden de diversos lugares (Rumanía, Marruecos, China, Brasil, etc.). Por lo tanto, en función del idioma materno, los estudiantes presentan diversos grados de dificultad para hablar español. Mientras que los inmigrantes rumanos aprenden muy rápido debido a la similitud de su idioma con el nuestro, los chinos lo tienen mucho más complicado. Es por esto por lo que no es sensato marcar un límite de meses homogéneo. Si no se han adquirido las herramientas necesarias tras esos nueve meses, se debe insistir porque esas competencias son imprescindibles para la integración en la sociedad.

Las competencias sobre esta materia pasan al departamento de apoyo. La desaparición del aula de enlace se debe, según el Jefe de Estudios del mismo centro, Alberto Rubio, “por una parte, a la disminución del número de inmigrantes debido a la crisis; y, por otra, a los recortes presupuestarios”. Unos recortes que han supuesto el despido de hasta seis docentes en este instituto.

Desde la Comunidad de Madrid, el Asesor de Actividades Compensatorias de la Consejería de Educación afirma que “el descenso de las aulas de enlace se debe, exclusivamente, al menor número de inmigrantes debido a la crisis económica”. El supuesto recorte presupuestario en ningún caso provendría de los mismos institutos ya que es el Área Territorial el que decide los criterios a seguir. Sus decisiones no son tomadas “en ningún caso con criterios territoriales”, por lo que el número de aulas de enlaces es independiente del municipio al que pertenece. Al no llegar al mínimo requerido (seis alumnos), el aula es suprimida o trasladada a otro centro educativo.

En el municipio de Fuenlabrada, tan sólo dos centros mantienen el aula de enlace: el IES Dolores Ibárruri y el IES Salvador Allende. Desde la dirección de ambos institutos confirman el descenso en el número de alumnos inmigrantes. También afirman haberse visto obligados a despedir de dos a cuatro profesores debido a los recortes presupuestarios. No puede dejar de sorprendernos que sólo se mantengan dos centros en este municipio teniendo en cuenta que en Fuenlabrada se encuentra el polígono de venta ilegal más grande de toda Europa, Cobo Calleja. Un polígono regentado por inmigrantes de nacionalidad china: en el llamado Chinatown muy pocos saben español. Volviendo al argumento de Encarna, vemos esa barrera lingüística que se produce en el ámbito doméstico. Si no aprenden nuestro idioma en los centros escolares, se les está relegando a la marginalización y abocando a una educación precaria y un futuro laboral desolador.

En casos como el de Chen Jue, con graves problemas para aprender el idioma, el periodo máximo de estancia en el aula de enlace es insuficiente. Pero frente a esto, nuestro sistema no le ofrece ningún medio más para corregir este desfase, sino que opta por recortar todas las ayudas, por integrarla en una clase normal sin darle las herramientas necesarias para que no quede desintegrada. En definitiva, por cortar todos los enlaces que la unen con nuestra sociedad. El debate debería ser qué se puede hacer para facilitar más la integración de estos alumnos en nuestro sistema educativo, al igual que a nosotros nos gustaría que, en caso de tener que emigrar algún día, nuestros hijos no vean cortado su aprendizaje escolar debido a barreras lingüísticas y culturales. En una sociedad pluricultural, es necesario tender enlaces, no cortarlos.

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El periodista de las cavernas

El pasado viernes, en la Conferencia The Front Page: retos de futuro en la enseñanza del periodismo celebrada en la Universidad Carlos III, Ramón Trecet (periodista de Marca.com y Radio Marca) entabló una dura batalla con David Beriain (reportero de REC Cuatro). De la contienda entre el twitterperiodismo y el periodismo de patear calles, surge la revisión de la mítica alegoría establecida siglos atrás por Platón a través de la luz arrojada por las nuevas tecnologías y por las teorías del canadiense Marshall McLuhan.

Cuentan las leyendas que en un pasado inmemorial, había una hilera de periodistas encerrados en una oficina en el corazón de unas tétricas cavernas. Ahogados por pesadas argollas que no les permitían volver la cabeza, apresados por férreas cadenas que les anulaba no ya su ímpetu físico, sino cualquier conato de rebelión en su alma, crecieron en la oscuridad y comodidad del desconocimiento. A su espalda, un potente programa informático les enviaba retazos de la realidad, sombras con mayor o menor precisión. Su cuerpo estaba dispuesto de manera que sólo podían ver las sombras que se proyectaban sobre la pantalla de su ordenador, su mundo se limitaba al ámbito sensitivo y ellos se dejaban hacer.

Masajeaban más y más sus cerebros en la creencia de que el medio es el mensaje y que el contenido carecía de importancia. Podían percibir un millón de sombras sin comprenderlas, pero es que eso ya no era lo importante. Lo importante es recibir ese millón de sombras y procesarlas. No obstante, no todas las sombras eran iguales: algunas eran pesadas, otras livianas; unas corrían, pero muchas se detenían a contemplar el espectáculo. De entre estas, unas pocas les dejaban mensajes cortos que no debían sobrepasar los ciento cuarenta caracteres. Extraños códigos que debían descifrar y contestar con todas las herramientas que tenían a su disposición.

Un día, uno de ellos consiguió deshacerse del yugo y salió de la caverna. El camino no fue fácil, sino que sufrió constantes caídas ya que era la primera vez que empezaba a mover sus piernas. Además, se encontraba con zarzas y brasas que le invitaban a deshacer el camino. Pero él persistió, y al fin, consiguió llegar a la superficie. Cuando lo logró, sus ojos le empezaron a arder con la fuerza de un millón de soles. La belleza que le rodeaba pasaba desapercibida para él: el sonido del mar muriendo en las rocas y renaciendo en la orilla, el sonido de las flores al crecer, la primera sonrisa de un niño, todo hería sus maltrechos sentidos. Y este periodista caminó y caminó, porque había aprendido a usar sus piernas, aunque muchas veces caís al suelo de rodillas y otras avanzaba rodando por sinuosas laderas. Y este periodista empezó a ver cosas, y sus ojos ya no le ardían; y empezó a percibir los sonidos que le rodeaban y empezó a amar el sonido de la tierra al despertar. Pasaron varios meses y el periodista aprendió a hablar. Y el periodista preguntó y empezó a entender el mundo, a comprender la importancia de pertenecer al mundo del que informaba. Por fin, la vida humana se hizo inteligible ante sus sentidos. Entonces, el periodista comprendió la realidad y empezó a simpatizar con los compañeros que había dejado atrás. Se dispuso a volver.

El camino de regreso no era fácil, ya que sus ojos empezaban a sentirse limitados por la oscuridad de la caverna. No obstante, ya no necesitaba sus ojos puesto que la verdad iluminaba su sendero. Llegó a la gruta donde estaban sus compañeros y les contó las maravillas que había visto en el exterior.

Y les explicó que había un mundo más allá de las sombras que veían en la pared. Sus compañeros le respondieron que ellos tenían una posición privilegiada para comprender el mundo ya que las sombras no podían mentir, eran el fiel reflejo de lo que había sucedido. Las sombras eran más reales que cualquier mundo posible surgido en la mente del ocioso periodista que había permanecido largo tiempo ausente de la oficina.

Varios meses intentó hacerles comprender que el único mundo que conocían no era el real, que las sombras no eran más que una burla, una ficción. Sin embargo, cada vez que lo intentaba, el resto de periodistas respondía que nadie puede comprender toda la realidad, que la mayor verdad era la que se reflejaba en sus pantallas. Argüían que siempre estamos sujetos a unos intereses y cuando nos centramos demasiado en algo, nos perdemos todo lo demás.

Les explicó que eran periodistas y que debían tener un espíritu intrépido. Que debían explorar el mundo e ir en pos de la verdad y de la justicia. De nada sirvió, ya que sus compañeros pensaron que estaba loco, que no existía más mundo allende las pantallas de su ordenador, y las argollas volvieron a apresar su cuello, y las cadenas a recorrer su cuerpo.

Unos pocos años pasaron y el periodista aventurero murió de inanición. Su alimento primario, la realidad, no estaba más en su menú. En ese momento, un compañero comenzó a recordar su vida anterior. Rememoró cómo eran los tiempos antes de la pantalla del ordenador. De repente, toda la belleza del mundo exterior le sobrevino. Un sudor frío comenzó a recorrerle la espalda. Su respiración se aceleró, sus ojos de dilataron a la búsqueda de un ínfimo rayo de luz. Comenzó a retorcerse, a sentir náuseas. En el fragor de la lucha, consiguió deshacerse de sus correas y, poseído por el espíritu que le había invadido, desató al resto de sus compañeros. Éstos enfurecieron y la batalla comenzó.

Sin embargo, a esta leyenda le falta una página por escribir. Aquella que diga si los bravos intentos de estos dos periodistas cayeron en tierra baldía o si la enfermedad que les atacó —la curiosidad— seguirá causando estragos entre sus compañeros. El destino de la batalla entre estas dos formas de concebir el mundo se libra hoy, y sólo a vosotros os corresponde designar el bando ganador.

COBO CALLEJA: TRABAJAR, CALLAR Y PROSPERAR

SOCIEDAD: CRÓNICA

En el polígono ilegal más grande de toda Europa, sólo se habla un idioma: el del dinero; y solo hay un interés: el de vender. Los ciudadanos de origen chino no saben o no contestan al nombrarles el Nobel de la Paz 2010, Liu Xiaobo. En un régimen con una represión como China, la fórmula del éxito es Trabajo + Silencio = Prosperar.

18/10/2010 – Alberto Serrano Martín

Domingo, 10.30 de la mañana. Si fuera cristiano, estaría en misa. Si fuera simplemente católico, estaría en casa durmiendo e iría a la de las 12.30. Pero soy periodista, o pretendo serlo, así que estoy “pateándome la calle”. Y no soy el único que hoy trabaja. En la Carretera Toledo, en los límites de la ciudad madrileña de Fuenlabrada, hay un enorme polígono de tiendas al por mayor que nunca descansa. Su nombre, Cobo Calleja; su apodo, Chinatown.

Cobo Calleja es el polígono de venta ilegal más grande de toda Europa. Y aquí estoy, perdiéndome en una ciudad que es la mía, pero en la que casi no reconozco ni una palabra. La tarea que me he propuesto es, sin duda, difícil de acometer. Como todavía no trabajo para un gran medio, ni tengo millones en el banco, resultaba más que complicado el preguntar sobre el flamante Nobel de la Paz 2010 en su propio país. Pero, por supuesto, tampoco es tarea sencilla el hacerlo aquí. Como veremos, hay múltiples obstáculos en el camino de la libertad de expresión.

Cobo Calleja es el polígono de venta ilegal más grande de toda Europa. Los artículos falsificados llegan desde Zegin (alrededores de Shanghái) y se distribuyen por toda España.

Lo primero que llama la atención es la sobreabundancia de productos y la sobreabundancia de trabajadores en un día en el que la mayor parte de la actividad se limita a transportar mercancías y almacenarlas debidamente. Adentrándonos en sus calles, nos encontramos con grandes avenidas especializadas en un tipo determinado de prenda. Pese a que no parece haber demasiadas transacciones, esto no quiere decir que no haya un gran barullo de gente de muy diversa nacionalidad, que produce una auténtica torre de babel en la que el idioma común es el dinero.

Y en este barullo, empecé, la verdad, metiéndome en dirección contraria. Por suerte para mí, a la altura que me encontraba me esperaba un sitio para aparcar. Después de prepararme unas cuantas preguntas básicas y de tomar alguna fotografía en la comodidad de mi vehículo, salí dispuesto a lograr lo que ya sabía que no iba a encontrar. La avenida en la que he empezado esta mañana está destinada a bolsos, zapatos y ropa interior femenina. Aún a riesgo de parecer un pervertido, entré en todas las tiendas que pude, pero siempre me encontré con la misma respuesta.

Ante mis preguntas, silencio. Un silencio que puede significar tres cosas: No saben suficiente español como para entenderme; no saben de qué les estoyhablando; prefieren no “saber” nada del tema.

 

Primero, da la casualidad que a quien pregunto, no sabe el suficiente español como para saber de qué le estoy hablando. Entonces, llama a un compatriota que domina más nuestro idioma —coincidencia o no, siempre son hombres, jóvenes, adultos o viejos—, pero éste no ha oído hablar del tal Liu Xiaobo.

Tampoco pierdo mi oportunidad de preguntar en la misma calle. En este caso, sí que se puede apreciar una sonrisa de complicidad. Una sonrisa diferente a la que, en todo caso, me han mostrado las decenas y decenas de tenderos que han tenido a bien en atenderme. Esta sonrisa parece querer decir: Sí que sé de lo que me hablas, pero no quiero meterme en problemas. Puede ser que no sepan de qué hablo; puede ser que se hayan acostumbrado a no entender aquello que saben que les puede ocasionar problemas.

Después de ver cinturones de “piel” a 2,10€ y pares de calcetines deportivos a 0,25€ y tras algo más de una infructuosa hora, me dispongo a cambiar de aires. En esta ocasión, decido probar suerte con un centro comercial que hay cerca de la vía de servicio de incorporación a la A-42. Se trata de una nave que ha sido inteligentemente remodelada para aprovechar todo su espacio. Aquí confluyen peluquería, cafetería, locales de masajes y tiendas de ropa. En este espacio suceden dos cosas que llaman mi atención:

En Fuenlabrada, los polígonos ofrecen todo tipo de mercancía. En Cobo Calleja mercancía de imitaciones; en la Cantueña,  mercancía sexual.

La primera, es que a la entrada del centro se encuentra un lujoso Mercedes y en la misma calle dando vueltas, buscando no se qué, veo a un hombre que sobrepasa algo la mediana edad acompañado de una imponente mujer rubia de rasgos de Europa del Este. Y es que en Fuenlabrada no sólo se cuenta con el mayor polígono de venta ilegal, sino que unas calles más arriba damos con el polígono de “la Cantueña”. En este sitio encontramos dos cosas: auténticas naves industriales y prostitutas. Además de agentes de la ley que patrullan por esos lares como con prisa por llegar a alguna parte. Como vemos, un complejo polígono en el que podemos encontrar todo tipo de venta.

La segunda es la consecuencia de repetir otra vez la misma pregunta que ya me conozco más que de memoria. Esta vez, un joven con un apabullante dominio del español, vestido a la moda occidental y con una Blackberry en la mano, me contesta que no sabe de qué le estoy hablando porque lleva quince días en una obra y ha estado desconectado. Y, naturalmente, al verle con el mencionado aparatito en la mano, y al estar en una cafetería que cuenta con una gran pantalla de televisión en la que una mujer está dando una noticia sobre un incendio forestal en alguna parte del gran país asiático, se despierta en mí un sentimiento de recelo. Pero como es domingo, me encuentro de buen humor y la verdad que me hace bastante gracia. ¿Cómo es posible que en un mundo en el que estamos constantemente conectados… en un país en el que se puede tener acceso a todo tipo de información… con una televisión enfrente y una Blackberry en la mano… cómo es posible que nadie sepa nada? Sólo me viene a la cabeza la última frase de la película de Polanski y me veo diciéndome a mí mismo, como si estuviera hablando con Jack Nicholson: Forget Alberto, It’s Chinatown! (Olvídalo Alberto, es Chinatown).

Tras tantas y tantas negativas, pienso: from lost to the river (de perdidos al río), y me adentro en el centro neurálgico de esta mini ciudad. Aquí es donde están las grandes tiendas. Supermercados gigantescos en los que se pueden encontrar los más variados artículos: desde árboles de navidad y papas noeles tocando el saxofón, hasta figuras de Buda, todo tipo de bisutería barata o aparatos electrónicos. Hay una gran cantidad de gente y varias cámaras de seguridad, pero no parece ser un sitio muy seguro. Cajas y cajas de artículos variados se encuentras desperdigadas por los pasillos entre tiendas que al final parecen vender siempre lo mismo; y en las puertas de acceso, ni un detector, ni dependientes, ni nada. Al fin y al cabo, si puedes adquirir una colonia de imitación marca Lacrosse desde 3€ y una torreta de 100 DVDs Verbatim por 20€ (a 0,20 el DVD), un artículo más, uno menos, poco importa.

Además, estos comercios tienen un arma más eficaz que los detectores: el miedo. A principios de siglo, Cobo Calleja empezó a despuntar como un almacén de productos falsos importados en su mayoría, según la policía, de la provincia de Zegin (alrededores de Shanghái). Desde aquí, la mercancía se distribuye al resto de España. Pero antes de convertirse en lo que hoy es, Cobo Calleja era un polígono más en el entramado de una ciudad dormitorio a veinte minutos del centro de la capital. Hubo ofertas irrechazables, pero también hubo coacciones irrechazables. Los rumores sobre la mafia china están bien extendidos por el municipio y las quemas de locales se sitúan en el imaginario colectivo de sus habitantes. Si algo está claro es que a Cobo Calleja no se viene a hacer el tonto.

Al fin, vuestro reportero se da por vencido y se dispone a salir de esta ciudad pero, la verdad, es que he encontrado el coche casi por casualidad, puesto que no sabía ni donde estaba entre tanta letra china y restaurantes que hacían sonar mi estómago. Me marcho de aquí con el sentimiento de fracaso a mis espaldas. No he podido pasar de la primera base, me he quedado en la pregunta sobre la opinión acerca de la concesión del Nobel de la Paz 2010 a Liu Xiaobo. Puede que no supiesen ni qué es el premio Nobel. Tantas preguntas se me han quedado en el tintero: ¿Qué opina del Régimen represivo del Partido Comunista Chino (PCC)?, ¿conoce la legislación china?, ¿conoce a alguien sometido a la Ley de Albergue e Investigación?, ¿por qué se vino a España?, ¿conoce la Carta 08?… Sólo el silencio por respuesta.

Sin embargo, tenía una última bala preparada, preguntar en comercios chinos al por menor una vez llegado a la zona urbana de Fuenlabrada. Allí, consigo un ejemplar del periódico chino Huaxin del 9 de octubre de 2010 (el día después al anuncio del premio), y aunque todo lo que puedo leer me suena a chino, no figura ninguna noticia que haga referencia a Liu Xiaobo. Entre una infinidad de anuncios aparecen rostros conocidos como el jugador de fútbol Ronaldinho o los jugadores de baloncesto Yao Ming y Yi Jianlian, pero ni rastro de Liu. Pese a este ligero avance, me encuentro con la misma respuesta una y otra vez. La verdad, no obstante, es que no podía esperar otra contestación. Con un régimen tan represor como es el chino, la opción más inteligente es no saber nada. Al no estar habituados a la libertad de expresión, prefieren no expresarse aún cuando aquí no corren ningún peligro por sus opiniones. Al vivir en un país en el que al meterte en política lo más probable es que acabes arrestado y encarcelado y que ni siquiera se avise a tu familia ni sepas en qué paradero te encuentras gracias a la Ley de Albergue e Investigación y, más tarde, te puedas convertir en objeto de una persecución política con años de reeducación; todo ello bajo pena de tortura e incluso de muerte, con la amenaza de los juicios sumarios, con la impunidad de los funcionarios… lo más lógico es acostumbrarse a no opinar. Trabajar y seguir trabajando, ésa es la forma de salir adelante. Ésa es la razón por la que un domingo a las 18.00 de la tarde, Cobo Calleja todavía tiene abiertas sus puertas. Aún cuando no haya ya nadie que vaya a comprar: trabajar, callar y prosperar.

CHINA: LA LEY DEL TERROR

La tortura, la pena de muerte y la violación de Derechos Humanos son permitidas por su Ordenamiento.

20/10/2010 — Alberto Serrano Martín

 

El pasado ocho de octubre, el Instituto noruego Nobel ayudó a Occidente a quitarse la venda de los ojos. Y el panorama que podemos vislumbrar resulta deplorable. China, aquel milagro económico; China, el país que contiene a la quinta parte de la población mundial (más de mil doscientos millones de habitantes); China, la gran potencia emergente, resulta ser uno de los países con mayor represión del mundo y en el que más penas de muerte se aplican. El país asiático ha ratificado la gran mayoría de tratados por los derechos humanos y es uno de los países más importantes en la ONU. Sin embargo, mantienen una doble moralidad basada en el principio de no intrusión de la Comunidad Internacional en los asuntos relativos a un país. Así pues, pese a reconocer la legitimidad de los derechos humanos, en la práctica, los vulnera casi todos. Pero, sobre todo, se trata de un Régimen que pena a los defensores de la libertad, la democracia y los derechos humanos como Liu Xiaobo, Chen Lantao (condenado a dieciséis años de prisión por criticar la represión estatal de las protestas de Pekín el 8 de junio de 1989), Sun Xiongying (dieciocho años de cárcel por mutilar una estatua de Mao Zedong) o Liu Shaoukun (condenado a un campo de reeducación por publicar fotografías de la catástrofe de Sichuan en 2008), entre otros.

Una doble moralidad que se puede apreciar en la Constitución promulgada en 1982. En el texto, se menciona que «la tarea principal de la nación en los próximos años es modernizar el socialismo. Bajo el liderazgo del Partido Comunista Chino (PCC), el pueblo chino continuará la adhesión a la dictadura democrática del pueblo desarrollando la democracia socialista paso a paso para convertir China en un país socialista con un alto nivel de cultura y democracia». Sin embargo, China ha condenado a miles de disidentes por el “delito” de reclamar la libertad y la democracia. Ha privado a su pueblo de la presencia de estos intelectuales e incluso procedió a una gran matanza contra manifestantes universitarios en 1989.

Estas violaciones de los derechos humanos se producen en diversos ámbitos y debido a ciertas leyes y prácticas institucionalizadas. Desde el Código Penal (1979) se penan los «delitos contrarrevolucionarios» recogidos en los artículos 98 y 102, aunque también se castigan delitos como alterar el orden público, albergar a elementos contrarrevolucionarios o levantar falso testimonio para protegerlos. A esto hay que añadir la Ley de Seguridad del Estado (1993), que prohíbe cualquier derecho que “atente contra la seguridad del Estado” y la Ley de Secretos del Estado (1988). Por su parte, las detenciones administrativas bajo las figuras de la Ley de Albergue e Investigación y la Reeducación por el Trabajo, permiten la privación de libertad sin necesidad de juicio e incluso sin tener que avisar a familiares o letrados ni informar del paradero del encarcelado. Estas prácticas se oponen totalmente a las directrices internacionales que obligan a informar a los familiares en un plazo de veinticuatro horas. Precisamente en el desarrollo de estas prácticas se da lugar a los más variados métodos de tortura, que según los artículos 136 y 189 pueden utilizarse para obtener una declaración y que, en todo caso, se encuentran amparados en la impunidad política de la que gozan los funcionarios. No podemos olvidarnos del gran número de condenas de muerte firmadas y ejecutadas cada año, muchas de ellas como consecuencia de juicios arbitrarios, sumarios y sin garantías. También se vulneran los derechos humanos debido a la política de control de natalidad que en múltiples ocasiones deriva en la obligación de abortar e incluso implican la esterilización forzosa y el hostigamiento religioso y a minorías étnicas.

UNA LEGISLACIÓN REPRESIVA

Los delitos contrarrevolucionarios se definen como «todo acto cometido con el propósito de derrocar el poder político de la dictadura del proletariado y el sistema socialista». Son una de las mayores causas de encarcelamiento de presos de conciencia (aquéllas personas encarceladas por sus ideas, sexo, origen étnico, etc., que no han hecho uso o apología de la violencia). Se encuentran sancionados por los artículos 98 y 102 que prohíben cualquier grupo que critique al Gobierno o que no tenga reconocimiento oficial y la expresión disidente en materia social, política o religiosa, respectivamente. Las sanciones previstas oscilan desde la privación de los derechos políticos hasta la pena de muerte para doce delitos contrarrevolucionarios. El Código Penal también prevé penas por convocar una multitud para alterar el orden público o gamberrismo para encarcelar a disidentes.

La Ley de Seguridad del Estado prohíbe actividades como conspirar para subvertir el Estado, espionaje, instigar a funcionarios del Estado a alzarse en rebelión y un genérico «otras actividades contra la seguridad del Estado». Estas “otras actividades” se definen en el artículo 8 de las Normas de Aplicación de la Ley de Seguridad del Estado como actos relacionados con derechos fundamentales como la libertad de expresión, publicación, asociación y religión cuando «ponen en peligro la seguridad del Estado». El peligro mencionado, a la luz del artículo 1 de la Ley se refiere a cualquier actividad que amenace el orden político establecido.

La Ley de Protección de Secretos del Estado define estos secretos como «aquellos asuntos que afectan a la seguridad y los intereses del Estado». Además de referirse a la defensa nacional y a las relaciones diplomáticas, incluyen los secretos de los partidos políticos que afecten a la seguridad y a los intereses del Estado. En la práctica, está prohibido informar o debatir en público sobre asuntos que al PCC no interese que se sepa. Desde 1993, entre las posibles penas que se pueden aplicar por esta ley se encuentra la pena de muerte.

En relación a las detenciones administrativas, la Ley de Albergue e Investigación permite encarcelar a cualquier sospechoso sin presentar cargos en su contra hasta un máximo de tres meses mientras que se recopilan pruebas para armar el juicio en su contra. Durante esta detención, no tienen porqué avisar a familiares “cuando esto impida la recopilación de datos”. Tampoco se facilita el acceso a letrados, que en muchas ocasiones son consultados sólo cuando llega el juicio, ni se garantiza la defensa inmediata de los detenidos ante autoridades judiciales. El periodo de detención para un intervalo de entre un treinta y un cuarenta por ciento de los detenidos, según informes del Ministerio de Seguridad Pública, se alarga hasta los tres años. Las detenciones arbitrarias realizadas por este método afectan, sobre todo, a los sectores menos formados, especialmente a una población flotante de emigrantes rurales de más de setenta millones de personas.

La reeducación por el trabajo suele seguir a la Ley de Albergue e Investigación y consiste en una sanción impuesta por los Comités de Gobierno locales a personas que sostengan opiniones antisocialistas o con delitos demasiado leves para el Código Penal. No implica acusación de ningún delito ni juicio ni derecho a un abogado o a defenderse, pero los detenidos pueden llegar a pasar un total de tres años prorrogables un año más y, en numerosas ocasiones, este periodo se ve prolongado. No obstante, el artículo 48 del Código de Procedimiento Penal concluye que nadie puede estar detenido más de diez días. En 1990 se aprueba una ley que permite interponer recursos ante los tribunales pero que se ha mostrado inefectiva ya que ningún disidente ha ganado alguna vez esta demanda.

En 1994, Wei Jingsheng fue una de las muchas víctimas de estas detenciones administrativas. En su caso, le detuvieron por expresar su opinión sobre cuestiones políticas y de derechos humanos y por mantener contactos con personas extranjeras. Habían transcurrido ya más de dieciocho meses desde su arresto, pero Wei se encontraba encarcelado en paradero desconocido sin haber sido informada su familia sobre los motivos de su detención ni pudiendo visitarle. Se aducía que estaba en «residencia vigilada» un método que supone la aislación del preso y que, según el artículo 44 CP, puede aplicarse a «cualquier persona a quien sea necesario arrestar pero contra la que aún no existen pruebas suficientes». Según los artículos 92, 97 y 99 del CP, el periodo de investigación no debería superar los cinco meses y medio, aunque una cláusula del artículo 92 permite posponer el procesamiento sin límite de tiempo en «casos de especial envergadura y dificultad». A todo esto hay que añadir el hecho de que no existe independencia del poder judicial con respecto a los poderes políticos que proceden a juicios sumarios cuando se produce un gran evento que amenaza la estabilidad del PCC en el Gobierno como la revuelta de 1989. Esto deviene en que los juicios no tienen las debidas garantías y en juicios como el realizado a la periodista Gao Yu en 1994 el tribunal condena antes de la celebración del juicio.

TORTURA Y PENA DE MUERTE

Apoyados en una legislación favorable a los funcionarios y miembros del PCC, se llevan a cabo distintos tipos de tortura. Entre ellos, se encuentra el uso de porras eléctricas, el uso prolongado de esposas y grilletes, latigazos, patadas, encarcelación en celdas pequeñas u oscuras sin calefacción, ventilación ni condiciones higiénicas, privación de comida o sueño, etc. Incluso se tiene conocimiento de encadenamientos a la «cama del tigre» (una puerta de madera apoyada en cuatro patas y provista de grilletes en las cuatro esquinas a los que las víctimas son encadenadas y esposadas a las extremidades y que cuenta con un agujero para la evacuación de orina y excrementos). Para garantizar la impunidad, los funcionarios nombran «jefes de celda», presos a los que se encarga la realización de estas torturas y que son premiados con reducciones en su condena. Cuando se inician procedimientos de denuncia de estas torturas, como en el caso de Yan Zhengxue, la víctima se expone a una persecución con numerosas represalias. De esta forma, la tortura se encuentra institucionalizada. También se considera tortura algunos abusos derivados de la ley de control de la natalidad, tales como el secuestro de mujeres con el fin de practicarles el aborto o la esterilización.

Según declaraciones exclusivas de Ángel Gonzalo, miembro de Amnistía Internacional (AI), “se puede condenar [a pena de muerte] hasta por 68 delitos, entre los que se encuentran delitos como malversación de fondos”. Pese a que el 1 de enero de 2007, China introdujo una reforma en el sistema de pena de muerte que restablecía la revisión judicial por el Tribunal Supremo Popular de las penas de muerte impuestas en China, según cálculos de AI, en 2008 se impusieron como mínimo 7.000 penas de muerte y se llevaron a cabo al menos 1.700 ejecuciones. Sin embargo, las autoridades chinas se niegan a publicar las estadísticas sobre penas de muerte y ejecuciones. No obstante, estos datos se ven refrendados con diversos estudios como el del profesor de derecho penal chino, Liu Renwen, que calcula que todos los años se ejecutan 8.000 personas; o los datos obtenidos de fuentes chinas con acceso a información oficial, la Fundación Dui Hua, que calcula que en 2006 se llevaron a cabo entre 7.500 y 8.000 ejecuciones. Precisamente, AI observó un aumento de las ejecuciones en diciembre de 2006, como un «intento de los tribunales locales de “liquidar” causas antes del 1 de enero de 2007», fecha en la que se restablecía el Tribunal Supremo Popular.

Las condenas que implican pena de muerte aumentan su número durante revueltas o protestas  o cuando se realiza una campaña de «orden público». En estas ocasiones, se procede a realizar juicios sumarios en los que no se respeta los derechos de los acusados, no se tiene en cuenta la presunción de inocencia, las sentencias se apoyan excesivamente en confesiones realizadas bajo tortura y sin la asistencia de un abogado, el resultado del juicio se conoce de antemano y el procedimiento de apelación es una mera formalidad destinada a intentar rebajar la pena. La legislación adoptada en 1983 con motivo de una importante campaña antidelictiva, prevé juicios realizados con prontitud y diligencia cuando los delitos incurran en «una gran indignación popular». Los acusados pueden ser juzgados sin la asistencia de un abogado y sin conocer exactamente las acusaciones a las que se enfrentan. El periodo de apelación se ha visto reducido de diez a tres días, no se permite la petición de indulto o conmutación de la pena y gracias a una enmienda de 1983, los Tribunales Superiores del Pueblo pueden aprobar sentencias de muerte en vez de someterlas al Tribunal Supremo del Pueblo.

Los presos son sometidos a torturas como la exhibición en los «actos de imposición de sentencias» (durante los cuales deben permanecer de pie con un cartel colgando en el que figuran los delitos supuestamente cometidos), o el uso de grilletes, cadenas y esposas desde que son condenados hasta su ejecución. Además, el CP prevé una condena de muerte aplazable durante dos años que, en la práctica, sirve para condenar a muerte a personas por delitos cometidos cuando eran menores de edad, algo prohibido por los Organismos Internacionales. Por otra parte, se calcula que hasta un noventa por ciento de los riñones empleados en trasplantes provienen de personas ejecutadas. La normativa de 1984 exige el consentimiento de los familiares o del preso salvo que nadie reclame el cuerpo o que los familiares se nieguen a reclamarlo. De hacerlo, se les pasa una factura con los elevados gastos de mantenimiento del preso. Gastos que no pueden acometer.

El Gobierno chino ha ratificado los acuerdos internacionales con respecto a los derechos humanos, pero, según su Libro Blanco: Los Derechos Humanos en China (1991), aunque se valora muy positivamente la Declaración Universal de Derechos Humanos, se objeta firmemente que la cuestión de los derechos humanos sólo incumbe a la jurisdicción nacional. De esta forma, la censura y las represiones contra periodistas y activistas políticos de todo el mundo continúan vigentes. Amnistía Internacional reclama al Gobierno chino en su libro China: nadie está a salvo (1995), crear una comisión nacional de investigación, acabar con la impunidad, con la tortura, con la detención y encarcelación arbitrarias, garantizar juicios justos, acabar con la pena de muerte, con los abusos resultantes de la política de control de la natalidad y proteger a los defensores de los derechos humanos, entre otros. Por el momento, China no habla, le cortaron la lengua; China no siente, le torturaron el alma; China resiste, la muerte no es suficiente.

 

NOBEL CONTRA LA REPRESIÓN

 Liu Xiaobo, disidente chino condenado a once años de prisión es galardonado con el Nobel de la Paz 2010.

15/10/2010 — Alberto Serrano Martín

El Instituto Nobel noruego, comunicó el pasado ocho de octubre que Liu Xiaobo, disidente chino de 54 años, ha sido galardonado con el premio Nobel de la Paz 2010. Xiaobo fue condenado a once años de prisión por la firma de un manifiesto en 2008 junto a otros 302 intelectuales chinos solicitando la libertad de expresión y la convocatoria de elecciones. El nombramiento de Xiaobo fue realizado, según el organismo situado en Oslo, “por su larga y no violenta lucha en favor de los Derechos Humanos elementales en China“.

El nombramiento de Xiaobo es una respuesta “por su larga y no violenta lucha en favor de los Derechos Humanos elementales en China” y un mensaje a China, que “en la última década ha conseguido progresos económicos para recortar desigualdades”. 

El galardón ha levantado una gran polémica, ya que el Gobierno chino había amenazado en repetidas ocasiones a la organización noruega. El primer mensaje hostil llegó el pasado verano, cuando el nombre de Xiaobo empezaba a sonar con fuerza, por medio del viceministro chino de Asuntos Exteriores, Fiu Ying. Éste, trasladó la amenaza de ver afectadas sus relaciones diplomáticas y económicas con el país nórdico. El segundo mensaje de advertencia por parte del Gobierno chino se produjo una semana antes del anuncio del premio, cuando el ministro de Exteriores, Yang Jiechi, aseguraba que el gesto iría en contra de los principios del Nobel de la Paz y que deterioraría las relaciones entre China y Noruega.

No obstante, el comité noruego no ha cedido a las injerencias chinas. Al contrario, el premio supone un duro golpe al régimen represor del Partido Comunista Chino (PCC), y llega como un homenaje a los millones de disidentes encarcelados, torturados o ajusticiados. Así lo reconoció el mismo organismo cuando anunció el ganador del premio al argumentar que, “en la última década, China ha conseguido progresos económicos para recortar desigualdades. China debe aumentar su responsabilidad”.

Las respuestas no se han hecho esperar. Según la organización Defensores de los Derechos Humanos en China (CHDR), “mientras algunos se reunían en pequeños grupos para celebrar este acontecimiento importante, varias decenas de partidarios de Liu fueron detenidos”. Desde la Comunidad Internacional, figuras relevantes como el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, Mario Vargas Llosa o el Parlamento europeo, han pedido su liberación. Según declaraciones exclusivas de Ángel Gonzalo, miembro de Amnistía Internacional, “Liu es un preso de conciencia (…) Amnistía Internacional ha luchado a su lado y se encuentra muy feliz por la concesión del Nobel de la Paz”. Por otro lado, antiguos altos cargos del partido comunista y de los medios, colgaron en Internet un documento llamando al Gobierno a reformas políticas, aunque fue rápidamente censurado. Y es que la censura en China se ha recrudecido estos últimos días ya que en los grandes portales de Internet Sina o Sohu, las palabras “Nobel de la Paz 2010” o “Liu Xiaobo”, no tienen resultados. La televisión oficial no ha informado sobre esta noticia y los medios internacionales como TV5 o CNN han sido censurados. Además, los mensajes de texto vía móvil que contuviesen las palabras Liu Xiaobo nunca llegaron a su destinatario.

En Internet, las palabras “nobel de la paz 2010” o” Liu Xiaobo” no tienen respuesta, las televisiones no han informado y los medios internacionales como CNN han sido censurados.

Los medios oficiales como el Global Times o el Diario del Pueblo, han vertido duras críticas contra la Academia noruega, a la que recriminan haberse “degradado en un instrumento político al servicio de motivaciones antichinas”. Estos dos diarios se muestran especialmente escandalizados porque la concesión de este premio ha vuelto a suponer un duro golpe al Gobierno chino. Cabe recordar que el anterior Nobel de la Paz para un ciudadano del país oriental fue a parar a las manos del líder espiritual tibetano, el Dalai Lama, en 1989. Tal y como acredita el Diario del Pueblo, “Ninguno de los dos figura entre los que en las últimas décadas han contribuido a la paz y al crecimiento en China”.

Entre los universitarios, pocos tienen conocimiento de la Revuelta de Tianamen, la única revolución que les interesa es la tecnológica, que les puede llevar a acumular riquezas. Así es como China se ha consolidado como una de las principales potencias.

En relación con los supuestos ataques al país oriental, llama la atención que las nuevas generaciones de universitarios, que, ante la apertura del país al capitalismo, han sido criadas en un nacionalismo creciente, asumen de una forma acomodada los pequeños cambios sociales y políticos. Pocos tienen conocimiento de la masacre llevada a cabo en Tiananmen hace más de veinte años, que se cobró la vida de un número aún no conocido de estudiantes, pero que se estima en miles de muertos y millares de heridos. De hecho, la única revolución que les interesa es la tecnológica, ya que es el medio que les puede servir para acumular riquezas. Esta es la forma en la que China ha protagonizado una de las mayores evoluciones económicas, que la han consolidado como una de las potencias emergentes llamadas a liderar el panorama internacional, aún a costa de crear un fuerte desequilibrio entre el medio rural y las metrópolis. Un carácter presente también en los inmigrantes chinos que habitan en nuestro país. Éstos trabajan muchas horas pero se encuentran desconectados de una realidad a la que prefieren  no enfrentarse o de la que no les interesa hablar.

Pese al gran número de inmigrantes, en la actualidad no hay ninguna asociación de exiliados chinos en España. Según declaraciones de Ángel Gonzalo, “Amnistía Internacional ha acogido a exiliados que se encontraban en países nórdicos como Noruega de forma puntual”. Por su parte, las cifras que maneja la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) cifran en tan sólo siete ciudadanos de origen chino los que pidieron asilo en 2009. El colectivo que más refugiados políticos aportó el año pasado fue el nigeriano, con un total de 459 personas. Un porcentaje muy pequeño, que palidece aún más en relación con las cifras europeas: 5.410 exiliados chinos. En palabras en exclusiva de Eugenia García, del Gabinete de Información Pública del CEAR, este ratio tan bajo responde a dos motivos. En primer lugar porque “en España es muy difícil tener acceso al derecho de asilo porque la ley es restrictiva y hay un fuerte control de fronteras”. Pero también se debe a la distancia geográfica, y es que, según Eugenia, “España no entra en la ruta de refugiados chinos. Lógicamente, le es más fácil a una persona que venga del norte de África pedir asilo en España que a una persona que viene de China, que tiene que hacer una ruta muy larga para pedir asilo en España”. Además, muchos ciudadanos de origen chino se encuentran exiliados debido a su pertenencia al grupo Falung Gong.

En España, en 2009  tan sólo acogimos a 7 refugiados chinos, por los más de 5.000 en toda Europa. Esto se explica por una legislación española restrictiva, la distancia geográfica y a la presencia del grupo Falung Gong

Falung Gong fue fundado en 1991 por Li Hongzhi, y contó con el beneplácito del Gobierno chino hasta 1999, cuando vio que los seguidores de este movimiento superaban en número a los miembros del PCC. A partir de ahí fue declarada como una secta y sus miembros han sufrido una feroz persecución, confinándoles a campos de trabajo y originando ejecuciones masivas. Sin embargo, se trata de un movimiento gratuito que se declara apolítico y legal en más de setenta países en los que está presente. Para controlar a los miembros de este movimiento que se encuentran fuera de sus fronteras, el Gobierno chino les deniega la renovación del pasaporte en sus respectivas embajadas. De esta forma, si vuelven a su país serán detenidos ya que la organización es ilegal en el país asiático. Si no vuelven, quedan retenidos en el país en el que se encuentran al no poder renovar su pasaporte.

Frente al silencio actual, no debemos olvidar que  Liu Xiaobo fue uno de los principales teóricos pro derechos humanos que participó en la revuelta de Tiananmen, evitando una masacre aún mayor cuando el Gobierno decidió aprobar la ley sálica, sacando los tanques a la calle. Desde entonces, ha sufrido una persecución política que le llevó a ser encarcelado en numerosas ocasiones en los últimos veinte años, incluyendo tres años de ‘reeducación’ en 1996 por los delitos de libelo y desorden público después de criticar al PCC. El último delito de Xiaobo, la firma de la Carta 08, ha sido juzgado como “subversión del poder del Estado”. Su esposa, Liu Xia, ha sido retenida ilegalmente en su domicilio desde que se conoció la noticia y privada de su teléfono privado. Asimismo, le impidieron concertarse con representantes noruegos.

El manifiesto de Xiaobo considera como principios fundamentales la libertad como única vía para la civilización del país asiático, los derechos humanos, la igualdad, la integridad y la dignidad de toda persona al tiempo que aboga por la democracia como el medio moderno de llegar al  “poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Entre otros diecinueve puntos, preconiza una nueva constitución, la separación de poderes, una democracia parlamentaria, una magistratura independiente, la libertad de asociación, reunión, expresión y religiosa, así como la educación cívica, la protección del medio ambiente, la seguridad social y la proclamación de una República federal.

En la Carta 08, reconocen como principios fundamentales la libertad, los derechos humanos, la igualdad, la integridad y la dignidad, al tiempo que abogan por una democracia que lleve al “poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

En el mismo documento se puede obtener una valiosa interpretación del devenir político del país oriental desde la toma de contacto con occidente en el siglo XIX. Para sus autores, «La “nueva China” nacida en 1949 proclamará que “el pueblo es soberano”, pero instaurará un sistema en el que es el Partido quien disfruta de toda potestad». Además, recuerdan el triste episodio del “liu si” (“seis cuatro”, nombre con el que se conoce en China la revuelta estudiantil en Tiananmen, que se produjo el cuatro de junio de 1989) como un evento más en el turbio periodo que comenzó con la subida al poder del PCC y en el que, según el manifiesto, «decenas de millones de personas perdieron sus vidas, y muchas generaciones vieron su libertad, su felicidad, su dignidad humana cruelmente aplastadas bajo sus pies».