“El vampiro ha muerto”


El Doctor Julio Ángel Olivares nos desgrana el devenir de la figura del vampiro cinematográfico desde los orígenes hasta nuestros días.

«— ¡Bienvenido a mi casa! Entre libremente y por su propia voluntad”.

No hizo movimiento alguno de salir a mi encuentro, sino que permaneció donde estaba como una estatua, como si el gesto de bienvenida le hubiese petrificado. Sin embargo, en el instante en que crucé el umbral, avanzó impulsivamente y, tendiendo la mano, estrechó la mía con tal fuerza que me hizo dar un respingo; lo que no obstaba para que la tuviese fría como un tempano…; tanto que parecía más la mano de un muerto que de un vivo. Y dijo otra vez:

—Bienvenido a mi casa. Entre libremente. Pase sin temor. ¡Y deje en ella un poco de la felicidad que trae consigo!». (Bram Stoker, 1897: 25).

Así es como conocía Jonathan Harker al conde Drácula. Y así es como entramos en el mundo de los vampiros: libremente y por nuestra propia voluntad. Pero una vez dentro, ya es muy difícil escapar de las redes del no muerto, sino que estamos abocados a dejar un poco de la felicidad que traíamos al llegar. Sin duda, esta sensación es compartida por numerosas personas, y entre ellas, cabe destacar al Doctor Julio Ángel Olivares Merino, docente investigador en el Departamento de Filología Inglesa de la Universidad de Jaén, Presidente de la Sociedad Transilvana de Drácula en España (2000-2006), músico (Witchshire, Beyond the Forest), director de programas televisivos (Nocturnus, In Crescendo), crítico de cine y escritor de más de quince libros de ficción entroncados con el género gótico (Crepúsculo Vitae, Luna y Ogro).

La relación que he establecido con Julio guarda ciertas semejanzas con estructuras literarias. Y es que ésta se ha producido por capítulos y por distintos medios de comunicación. Como cualquier buena historia, todo se remonta a la hora crepuscular de la noche de los muertos vivientes. Julio asiste a la II Semana Gótica de Madrid celebrada en la Casa de Vacas del popular Parque del Retiro para impartir una conferencia sobre Nosferatu (Murnau, 1922). Al término de ella, me concede una entrevista. Yo, sobrepasado por la inmediatez del momento y la especificidad del tema, me veo obligado a tomar un poco de aire fresco. Con un concierto de música gótica de fondo, formulo en mi cabeza unas cuantas preguntas y unos temas a tratar. Una vez que tengo todo en orden, me dispongo a realizar la entrevista concertada. El encuentro se ve impregnado en varias ocasiones de la obra teatral que se está llevando a cabo en el salón de actos, por lo que en varias ocasiones nos vemos interrumpidos los aplausos y vítores del público que llena la sala. Julio, sin embargo, no pierde en ningún momento el hilo de la conversación. Pero para poder completarla adecuadamente, es necesario pasar al capítulo dos, donde, tras varias llamadas telefónicas, tratamos todos los datos que no surgieron en la entrevista cara a cara. Por tanto, la secuencia de la conversación que voy a iniciar, no sigue un orden cronológico, sino que se ha visto sometida a reordenamientos para mejorar su comprensión.

Hola Julio, ¿Cómo se inició en el tema de los vampiros?

Hola, no me trates de usted, por favor. Sí, te cuento, yo siento fascinación por esta figura. Recuerdo que me escapé de casa una tarde porque yo vi que en la ciudad de Jaén estaban poniendo una película que era Drácula, una película de 1978, del director John Badham, interpretada por Frank Langella, y entonces Drácula me sedujo bastante y a partir de ahí leía cómics y ya en la adolescencia me introduje en la literatura gótica y básicamente en la carrera orientaba mis lecturas a ámbitos más entroncados con esta corriente. Recuerdo que hice un trabajo sobre El exorcista y el resto de asignaturas siempre trataba de tirar a novelas que estuviesen emparentadas con el género, las novelas de las hermanas Brontë y todo eso, novelas del siglo XIX. En el momento en que pude afrontar mi carrera como investigador ya sí que me inicié en el tema con mayor solidez, en los cursos del doctorado y en la tesis doctoral que versó sobre Drácula y la comparación con Salem’s Lot de Stephen King.

Y, ¿por qué decidiste hacer la tesis sobre este tema que a lo mejor no era muy común?

Para nada, la verdad es que por aquel entonces, aunque bien es verdad que en el panorama anglosajón ya la literatura gótica y toda esta temática estaba más que reconocida, en el ambiente académico español todavía no estaba ni muchísimo menos fundamentado. Entonces, yo me propuse dignificar el género. Consideré que la figura del vampiro se podía ver desde muchos puntos de vista, todos ellos académicos: literario, antropológico, filosófico, psicoanalítico, desde todos los ámbitos e incluso desde la medicina. Había estudios sobre vampirismo hablando de medicina, que en cierto modo se suponía que los vampiros eran enfermos de rabia en una época medieval. Ya digo, traté de dignificar la figura del vampiro desde un punto de vista académico y realmente la jugada me salió bien porque incluso previamente a la lectura de mi tesis, yo estuve en algún que otro congreso hablando sobre vampiros, sobre la literatura de terror. Y a partir de la lectura de la tesis, con la que conseguí ser doctor, fue cuando se me eligió Presidente de la Sociedad Transilvana de Drácula en España e hice unos cuantos viajes y conferencias del vampiro relacionado con el mundo de la música, cómo desde el punto de vista de la música moderna y post moderna se trataba este mito y ya una vez que me di cuenta de que era un tema ciertamente manido y que también había gente que en cierto modo malinterpretaba y que no dignificaba ese género, pasé directamente a estudiar el cine de terror japonés que es en lo que me especialicé aproximadamente durante unos cuatro años.

Sí ya lo vi en tu web (Calesas en Borgo Pass) y también me preguntaba, ¿cuáles han sido las claves por las que ha triunfado el cine de terror japonés de los últimos años y no así los remakes que han hecho en América?

Yo diría que, justamente, la clave del éxito del cine de terror japonés se basa en que es un cine muy inteligente, de igual forma que lo es el cine oriental en general, no solo el cine de terror. Es un cine que se basa sobre todo en los recuadros, en sugerencias, en el concepto de lo ritual. Se define en la contención, en el hecho de que en cierto modo es muy teatral porque, no en vano, emerge muy evidentemente de lo que es la escena japonesa oriental: el teatro Nô, el Teatro Burraku.

¿A cuál se parecería más de los dos?

Tiene un poco de todo: los personajes caracterizados de una forma muy estilizada; las expresiones son muy vaciadas de lo que son los sentimientos, aparecen en algunos casos como máscaras, en otros casos directamente como marionetas, etcétera. Lo que quería decir, Alberto, es que la diferencia entre el cine de terror oriental y los remakes americanos, es algo que se daba ya en su día en lo que es la novela gótica cuando se hablaba de que había una clarísima confrontación y colisión entre dos conceptos, que eran el concepto del horror y el concepto del terror. Entonces, Ann Radcliffe, yo creo que la escritora gótica más importante de todos los tiempos, ya dijo en su día que efectivamente hay que distinguir entre lo que es el terror y el horror. El terror es esa sensación y sentimiento que expande el alma. El terror es lo que básicamente se conoce como suspense, no desvela nada en escena, viene como a tensar o hacer que la percepción por parte del lector sea absolutamente escalofriante porque uno está ante la expectativa de que algo aparezca. Y el horror es el momento en el cual tú te enfrentas grafica y visualmente a algo. Por ende, el cine americano, con tanta infografía con, digamos, intentar darlo todo tan mascado sería más el referente del horror que es un medio visual muy gráfico en el sentido negativo. Mientras que el terror oriental sería justamente lo contrario, sería el hecho de que en pantalla no se muestra nada hasta que llega un momento final después de un in crescendo, y realmente se basa en eso, en el silencio, en elementos que son más sugerencia que el exceso del visual. Por eso, me gusta tanto el terror oriental. Es un cine psicológico, basado en la sugerencia y viene a heredar los hitos de otras películas japonesas, por ejemplo, El Más Allá, de Masaki Kobayashi. Luego se unen el cine de Corea y de China, que vienen a marcar esa filosofía de técnica muy visual, estilística, que usa un minimalismo en escena. La escena japonesa se basa en eso, en diferentes elementos muy expresionistas que vienen a crear una atmósfera, pero no desde el punto de vista del exceso.

NOSFERATU

«‘¿Un no muerto?’, preguntó uno de nosotros.

‘Sí, un no-muerto o un Nosferatu, como llaman allá abajo a los vampiros. Ustedes no han oído hablar más que a través de los libros de esas criaturas extrañas e inquietantes y sonríen con esos cuentos de mujer crédula; pero es aquí, entre nosotros, en los Balcanes, donde se encuentra la cuna de esos vampiros. Desde siempre hemos sido perseguidos y atormentados por esos monstruos’. De nuevo se presignó. Luego guardó silencio». (Luciano Berriatúa, 2009: 82).

Bueno, ya me has contado un poco tus primeros recuerdos de películas de vampiros y, hablando ya más de Nosferatu, ¿recuerdas la primera vez que la viste, o ya queda muy lejos?

Sí, hombre, a mí, me sorprendieron básicamente dos cosas. Primero, el rasgo distintivo es que fue en blanco y negro. A mí me parece una película, yo lo he dicho siempre, que realmente filmada en color y con sonido no habría conseguido el mismo efecto. El rango de lo sublime, de lo inefable que caracteriza a Nosferatu… El rango absoluto de lo que realmente no parece familiar viene dado por la desfamiliarización que supone el blanco y negro y un metraje que es en esencia sin sonido, a pesar de que estuviera ambientado con una música. A mí lo que me sorprendió básicamente es eso, que es una película en blanco y negro y, por supuesto, lo que me llamó la atención fue el aspecto escalofriante de este vampiro, que es para mí la representación epítome más clara de lo que es el vampiro folclórico, el reviniente, el vampiro cadavérico. Aunque a mí me gusta más el otro extremo, un vampiro aristocrático, aunque siempre emparentado con la esencia salvaje. Por eso me gustan tanto las películas de la Hammer, y por eso me gusta tanto la representación de Christopher Lee.

Yo me he leído algunos libros sobre Nosferatu que la relacionan con una película en la que el erotismo juega mucho papel, y tú en la conferencia también la has relacionado con el psicoanálisis, entonces, yo me he planteado: ¿qué parte del yo, el superyó y el ello dominaría en los distintos personajes? Por ejemplo, en el Conde Orlock, ¿cuál le domina, cuál le constriñe?

Evidentemente, como todo antagonista dentro de una narración del género de literatura de terror o cualquier película dentro de este género, el antagonista, aquello que viene desde más allá de lo canonizado, de lo permitido; aquello que es monstruoso, que trasgrede lo que son las leyes de la normalidad bien sea porque es asimétrico, bien sea porque realmente no tiene una belleza, una armonía constatada por los cánones, representa, sin duda alguna, un claro referente de la alteridad, de la enajenación. Un claro referente incluso de la escisión, de la esquizofrenia, que viene a ser lo que está más allá de los límites o lo extra territorial. Representa también todo ese terreno de lo indómito. Ese terror de lo que está más allá de lo civilizado viene a domesticarse más a finales del siglo XIX cuando el antagonista que realmente aterra ya emerge de lo que hay dentro de nosotros. Cuando aparecen novelas como El Dr. Jekyll o Mr. Hyde o El retrato de Dorian Gray, estamos hablando ya de un monstruo que emerge de nosotros mismos. Por lo tanto, ya deja de ser lo que está más allá de los límites de lo conocido y pasa a ser ese monstruo que nosotros tenemos dentro. Es algo que se representa en los discursos cinematográficos de la década de los setenta… El exorcismo, por ejemplo, cuando vemos a esa niña que acuna a un demonio dentro de su ser. Tratamos con las reglas de lo permitido, lo que emerge realmente a pesar de todas las convenciones de nuestra civilización, pero también se viene a representar en la literatura de finales del siglo XIX, por ejemplo en Joseph Conrad o en Kipling, que vienen a representar esos viajes más allá de lo conocido. ¿Qué sería de nosotros si realmente no tuviéramos esa restricción o esa coacción de lo que es lo políticamente correcto?

Y a partir de la representación desde el propio yo —Yo soy el vampiro—, se añade un matiz bastante importante. Ahí, ¿qué es lo que predomina, volviendo al psicoanálisis, el ello de tener que matar para sobrevivir; el superyó de no mates porque es tu amigo? Porque claro en Nosferatu siempre se representa la otredad, entonces ese conflicto a lo mejor no es relevante.

No, pero en el Nosferatu de Murnau —se ve mucho mejor en el remake de Herzog—, nosferatu asume claramente su naturaleza. Él se da cuenta de que está solo, pero él en ningún momento reniega de su esencia, de su naturaleza, de que realmente debe alimentarse y, por ende, es un vampiro que asume ese ego y que no se plantea nada más. Sí que se plantea el propio hecho de querer amar, se da cuenta de que es una necesidad, pero es una necesidad igual que la de beber sangre. Sin embargo, en los vampiros postmodernos, en el de Anne Rice, sí que se ve claramente el hecho de que es una lucha en contra de lo que realmente es esa sed, porque se dan cuenta de que lo que hacen es aberrante, y, por lo tanto, evaden esa cuestión. Esto se ve en otros vampiros de otras películas, incluso en Entrevista con el vampiro, uno sí que asume claramente que ha de matar, que es un aniquilador, que es una bestia, que es un animal que debe libar la sangre para subsistir y el otro vampiro trata de alimentarse de animales o de alguna forma evadir esa cuestión. Pero el discurso lo que viene a representar muy claramente es que no podemos evitar lo que somos, los elementos instintivos, lo que es pulsional. Sea como fuere, yo creo que es una metáfora clarísima de que todos, ya bebamos sangre, ya digamos victimicemos a otras personas, las exprimamos económicamente, tratemos de predominar con respecto a ellas una vez que queremos conseguir un trabajo, todos somos vampiros que nos movemos por el instinto de ser más que otros.

Moviéndonos de vampiros, en la conferencia has nombrado cuatro tipos de vampiros. Entonces, yo me pregunto cómo podríamos trasladar los conflictos de vampirizaciones que se dan en Persona de Ingmar Bergman o en Mullholland Drive de David Lynch al terreno del psicoanálisis.

En Persona se ve clarísimamente la dualidad del ser. Incluso físicamente, en una misma cara se ven dos rostros. A mí me encanta Bergman, me parece que es el director que mejor ha sabido llevar al cine esa exteriorización de los traumas. Ya sea a partir de la imagen del rostro no solo escindido, sino también un rostro vaciado, un rostro sin gestos, sin expresión, o también a partir de los silencios. Yo creo que Bergman es un realizador que sabe precisamente vampirizar al espectador, logrando que se identifique con esos personajes que están fragmentados, escindidos, que viven con traumas. Y en Persona se ve muy claramente el hecho de que la imagen del otro, al principio sobre todo en ese prólogo, viene a minimizar la imagen real que es la de ese niño que aparece al principio. En ese sentido, sí que está muy bien representado. Y en Mullholland Drive, evidentemente David Lynch está en esa corriente de autores post modernos que lo que vienen es a subvertir el orden lógico de lo que es la cotidianeidad. Es decir, nos habla de territorios que no nos pertenecen, nos habla de personajes cuya identidad no es realmente la que parece ser. Por lo tanto, invierte los roles y lo que hace es representar una vampirización de ese otro o de esa alteridad que en un momento dado emerge y eclipsa totalmente lo que es el original, o lo que se asume que es lo original.

En la conferencia también hiciste referencia a las nuevas formas de representar a los vampiros. En relación a eso, ¿por qué crees que tienen tanto éxito películas que dejan tanto que desear como Crepúsculo?

Es un producto de diseño, es un producto comercial, es un producto que sabe perfectamente cómo incidir en el público juvenil. ¿Cómo se incide en el público juvenil? Creando una historia o intensificando lo que es el sentir de la historia como una historia de amor y presentando a esos vampiros como personajes marginales dentro de la sociedad, que tienen los problemas que los jóvenes tienen y que realmente hacen que se identifiquen con ellos. ¿Cómo se consigue eso también? Pues presentando a un vampiro que no es visceralmente desagradable, es decir, no es un vampiro que tenga colmillos, no es un vampiro que muerda realmente y que desgarre la garganta de la víctima, sino que es un vampiro como tú y como yo…

Más guapos…

Más guapos evidentemente. Y ese es otro reclamo que tienen, que no es sino una intensificación der la belleza del vampiro aristocrático.

Pero, por ejemplo, cosas tan ridículas como que brillen al darles la luz del sol, ¿cómo la gente es tan ciega de olvidar que esto es bastante patético?

Porque no tienen una cultura cinematográfica. No conocen a los clásicos, y el vampiro ha sido un ser que ha resultado atractivo siempre por el componente prohibido que tiene. Lo que pasa es que claro, se ha suavizado y se le ha dado tanto glamour que realmente ha llegado a captar la atención de estas personas. Esto es una cosa que empieza claramente con el Drácula de Coppola, que es una versión edulcorada del drácula de Stoker. Ya nos va representando esa imagen más de vampiro romántico, pero bueno, tiene un pase porque el vampiro romántico, el vampiro victoriano, todavía tiene ese regusto de muerte, de sufrimiento, violento. Pero claro, es que lo que estamos viendo ahora… Para mí el vampiro actual es una prostitución del mito. El mito se prostituye. ¿Por qué? Porque trata de agradar más que de desagradar. Realmente lo que el vampiro consigue, lo que busca es enfrentarse como un ente subversivo, un ente rebelde que viene del más allá. Es decir, en ningún momento puede llegar a resultar agradable.

Entonces, la pregunta debería ser ¿cómo crees que podríamos volver a esos orígenes, a retomar con un poco de seriedad el tema de los vampiros? ¿Sólo nos queda el expresionismo alemán? Y, Por otra parte, estamos cada vez en una senda más comercial, más alejada de esos orígenes como El gabinete del doctor Caligari que te crea una ansiedad que no creo que te cree casi ninguna película…

Yo creo que eso es irrecuperable. Eso va a estar sobre todo en el cine minimalista, va a estar en el cine de culto y en el cine del recuerdo. No creo que ese vampiro vuelva. Por lo menos en lo que es la cuestión cinematográfica, no creo que vuelva. Entre otras cosas porque es un vampiro que hoy en día ya no resultaría creíble porque no resultaría comercial. El vampiro ¿cómo resulta atractivo actualmente? Pues haciendo que se identifiquen cuatro jóvenes, porque lo de antes ya no vale. Aunque hay experimentos como Daybreaker o Treinta días de oscuridad, que actualizan el mito, que representa un vampiro descarnado, voraz y absolutamente bestial. Por ahí quizás puedan ir los tiros.

Si la vuelta al vampiro pasa por el cine europeo, la película Déjame entrar, la original sueca, ¿supone esa vuelta del cine europeo, con una niña que es un monstruo que debe alimentarse con la sangre de otros y con ese conflicto primordial que supone aceptar la otredad, dejarla entrar?

Estoy totalmente de acuerdo contigo. A mí me encantó esa película porque, efectivamente, digamos que actualiza el mito del vampiro. Me gustó igual que Treinta días de oscuridad. Me parece que mantiene el mito del vampiro en su esencia, un vampiro que es un animal, que es un asesino, que se tiene que alimentar de la sangre. En este caso es un vampiro que realmente está caracterizado de forma indirecta por todo el ambiente. El ambiente es lo que me gusta mucho de esa película, un ambiente gélido, de soledad, que viene a representar lo que es la incomunicación y viene a extrapolar la esencia vampírica a una edad infantil, y eso es una cosa que me gusta mucho. Aunque bien es cierto que otros directores y otros novelistas lo han intentado, por ejemplo, la Claudia de Anne Rice, que es esa niña eterna que no crece y que se mantiene como vampiro y que, por lo tanto, eso crea una sensación bastante penosa… creo que el que mejor lo ha representado es esta película. Es un vampiro de la Edad Moderna, que no tiene porqué recelar de un crucifijo, vestir con una capa, mostrar sus colmillos, que simplemente se ve que es un vampiro que necesita beber sangre. El remake americano de Matt Reeves sí que representa muy claramente lo más violento. Pero a mí el remake me ha encantado, porque mantiene la incomunicación, la gelidez, unos personajes con un perfil magníficamente trazado.

Vemos que Hollywood siempre se adueña de esos hitos ajenos, ¿cuándo se ha producido esa vampirización, valga la redundancia, que ha hecho Hollywood de un mito genuinamente europeo?

Hollywood se está cargando al vampiro. El vampiro tiene más campo de acción o de presencia en el cine invisible, en el cine más minimalista, un cine, como tú has comentado, más europeo, más de raíz. Yo diría que las últimas películas de la Hammer ya muestran ese declive, una visión más desmitificada. Pero todavía ese vampiro es un representante de esa alteridad, de esa alienación del personaje. A partir de ahí, pero sobre todo por el metraje de Coppola que aunque cinematográficamente sea una obra maestra, ahí es donde el vampiro empieza a perder enteros. Para mí el vampiro muere con Coppola. A pesar de ser una obra magistral, se carga la novela. Es decir, el vampiro nunca puede ser un ente romántico que de su vida por su amada. El vampiro es un ente egoísta, que utiliza a las mujeres para conseguir sus propósitos. Es un ente que incluso a veces no vampiriza o no convierte a otros, sino que realmente elimina, mata…

Un depredador

Efectivamente, es un ente que bebe y que en realidad… es como si tú consumes pasteles de chocolate y sabes que si matas a una persona y la conviertes en vampiro, ése se va a comer también otros pasteles de chocolate, ¿qué te interesa? Seguir comiéndotelas tú, no crear otros entes para que puedan acceder a esa posibilidad.

Pero de todas formas, Coppola sí que hace un gran uso de las sombras, y que se ve carísimamente la relación con Nosferatu. Lo que no te puedes esperar es que venga la nueva de Crepúsculo y haga un juego de sombras o que, como Tourner, te esconda a la bestia.

Buah, es que esas películas que tú me estás citando… La del beso de la pantera que juega tantísimo con ese toque de la sombra. Eso no lo encuentras hoy en día en absoluto. Hay un experimento que se llama Begotten, que, como en El gabinete del Doctor Caligari, es una película que te aterra. Porque no sabes lo que está pasando en el plano. Ves sombras pasar, te coge y… te conmueve. Ése es el cine que realmente puede renovar o llevar a los orígenes.

En la película de Tourner, que también es muy psicoanalista, ese enjaulamiento de la pantera, que yo creo que representa un deseo latente lésbico, yo creo que podríamos hacer un paralelismo con el tema de los vampiros y el desatar la furia, ¿no?

Totalmente, lo que pasa es que, como te he dicho antes, el vampiro real en ningún momento limita o intenta reprimir ese instinto. Es más el vampiro post moderno como el de Entrevista con el vampiro el que sí se da cuenta de cuál es la visceralidad a la que se le ha sometido y recela de esa esencia. Ese otro yo que, en un momento determinado, emerge, eclipsa al normal porque ha sido vampirizado.

Y aunque comentabas la pérdida de la esencia del vampiro en metrajes como el de Coppola o Entrevista con el vampiro. Yo creo que son productos cinematográficos bastante buenos, ¿por qué se ha dado ahora en la década de los dos mil esta incluso parodia?

Sí, ya es una banalización, vacían completamente al vampiro de su esencia. Es justamente lo que tú has dicho, es una cavarnalización hasta tal punto que lo llevan a extremos que resultan irrisorios. Pero es fruto del desconocimiento de los clásicos y fruto también de un intento de crear personalidades que atraigan comercialmente, cuando ya el vampiro de por sí atraía incluso con su aspecto macabro, siniestro, porque era realmente algo que… es una atracción que emerge de dentro, no es una atracción explicita de decir ‘Joder que tía más buena o que tío más bueno, vampiro o vampira’, no, es una cosa que decías ‘¡Cojones macho! es que me atrae, es que es maldito, es perverso, pero…’. Esa mitad oscura que a todos nos atrae, esa cuestión de lo que hablaba Edgar Allan Poe, del impulso de la perversidad, estamos llamados a ser perversos en un momento determinado, no somos buenos realmente por completo. Tenemos ese instinto también que nos lleva a…

A amar al vampiro. Eso es otra cosa, el vampiro es una de las figuras que más se ha llevado al cine. Es algo que nos atrae y nos seguirá atrayendo. Pero, con unos elementos tan prostituidos, ¿cómo va a sobrevivir esto?

No, no, quedará lo que tú has dicho, quedará la esencia, la huella del clásico. Yo cuando defendí mi tesis, a mí me miraban como diciendo éste está pirado. Pero ahora hablas a cualquiera sobre los vampiros, y les resulta pues lo más normal del mundo. Entonces, siempre tendremos que referirnos a ese pasado, a esos clásicos y además, vuelvo a insistir en ello: No vuelve, imposible. El vampiro ha muerto.

Al fin, la noche se nos ha venido encima y la oscuridad reina en cada una de las esquinas del parque del Buen Retiro. Una noche extraña en la que tropiezo con brujas, monstruos y fantasmas montados en patines recorriendo las calles de este parque. Me despido de Julio, que parte la mañana siguiente a Jaén, con la sensación de haber ganado un amigo, y de haberme adentrado en un universo fantástico, del que salía con una sonrisa triunfal.

«El sol casi rozaba la cima de los montes, y las sombras de todo el grupo se proyectaban sobre la nieve. Vi al Conde tendido dentro de la caja, sobre la tierra, que con la brutal caída desde el carro se le había esparcido por encima. Estaba mortalmente pálido, igual que una máscara de cera; sus ojos rojos centelleaban con una mirada horrible y vindicativa que yo conocía muy bien.

Y mientras le observaba, sus ojos vieron el sol ocultándose, y la expresión de odio que había en ellos se transformó en triunfo». (Bram Stoker, 1897; 463).

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