EL DESIERTO QUE NOS ESPERA


La desertificación supone una amenaza grave al 30% del territorio español y un riesgo medio al 20%. La escasa pluviosidad, la contaminación y los incendios forestales son algunas de sus causas.

La desertificación supone una amenaza grave al 30% del territorio español y un riesgo medio al 20%. La escasa pluviosidad, la contaminación y los incendios forestales son algunas de sus causas.

Imagínese caminando por un mar de arena interminable. Su vista no alcanza el final de esta tierra yerma donde la misma vida resulta extraña. Imagine que no hay un ser vivo en ningún sitio. Podría pensar que se encuentra en Marte o en el gran desierto del Sahara. Pero no. Usted se encuentra en algún punto indeterminado del sureste español, en un año indeterminado. No se trata de un sueño, ni siquiera de una pesadilla; es el futuro, el desierto que nos espera.

Si bien faltan muchos años para que se cumpla esta profecía, nuestro país (y como él, buena parte de la Tierra) se empeña en lanzarse a las fauces de ese monstruo llamado desertificación. Un fenómeno natural (llamado desertización) pero que se agrava por la acción del hombre. Las principales causas antrópicas (provocadas por el ser humano) de este incremento desmesurado son el cambio climático que conlleva una subida de temperaturas y una bajada de la pluviosidad, el incremento de incendios forestales, la lluvia ácida, la subida del ph de la tierra, sobreexplotación, tala de árboles… Y todo ello lleva la marca indeleble de la contaminación.

Una amenaza del futuro que ya estamos recibiendo en el presente. Según datos del Ministerio de Medio Ambiente de 2006, la desertización amenaza al 30% del territorio español, especialmente en el sureste peninsular y en el interior. En total, 159.337 km2  (31,68%) sufren riesgo alto o muy alto y 109.712 km2 (21,68%) riesgo medio. Las comunidades más vulnerables son Murcia (99,09% de riesgo muy grave), Valencia (93,04%) y Canarias (90,48%). España es uno de los países más afectados de Europa, con dos tercios de su superficie clasificado como zona árida, semiárida o subhúmeda seca.

La desertificación no sólo supone un riesgo para esta zona del sureste ibérico. Según un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el cambio climático ha provocado un incremento de aridez en la cuenca del Ebro. Según Sergio Vicente, investigador del CSIC del Instituto Pirenaico de Ecología, “Los resultados observados podrían considerarse como una alerta temprana de los procesos que puedan afectar a más zonas del Mediterráneo”. Pero en este caso particular, la desertificación se ve favorecida al tratarse de un suelo rico en yeso. La sobreexplotación agrícola y la tala de árboles afectan especialmente a este tipo de suelos. Aunque era este cultivo intensivo el que mantenía la zona, ahora que ha perdido interés económico se ha abandonado. Pero ya es demasiado tarde para que el ecosistema vuelva a su curso natural.

El investigador del CSIC, José Luis Rubio, advertía en el ciclo de Biodiversidad y Conservación en el siglo XXI que el 40% de la superficie terrestre corre el riesgo de convertirse en un desiertoy que el 37% de la población vive en estos territorios. En el caso español, Rubio afirma que “una gran parte de la región del Mediterráneo Norte es semiárida y está sometida a sequías estacionales, gran variabilidad de la pluviosidad o súbitos e intensos aguaceros”. Una zona de mucho turismo y mucha urbanización que ha sufrido una escalada de incendios forestales en los últimos años.

El mapa de pluviosidad en España revela la complicada situación del área mediterránea y, especialmente, elsureste y el interior de la península, donde se concentran los mayores niveles de aridez

El mapa de pluviosidad en España revela la complicada situación del área mediterránea y, especialmente, el
sureste y el interior de la península, donde se concentran los mayores niveles de aridez

En lo que llevamos de año, han ardido hasta 165.000 hectáreas, 60.000 de las cuales afectaron a la Comunidad Valenciana. Aunque, según el informe del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente “Incendios forestales en España 1 enero-31 diciembre 2011”, el 60,8% de los fuegos se producen en el noroeste, su clima tiende a reducir los daños.

Según José Luis Rubio, el 40% de la Tierra corre el riesgo de convertirse en un desierto. En esta superficie vive el 37% de la población.

La organización Greenpeace, en su publicación “Incendios forestales. No podemos bajar la guardia”, advierte de que las características de los incendios forestales en España han variado y que uno de los principales causantes es el cambio climático producido por el incremento de gases de efecto invernadero. Recuerdan que el área mediterránea es especialmente vulnerable al cambio climático por el aumento de las temperaturas medias y la sequedad del suelo, que puede derivar en desertización. Esto provoca un cambio en la tipología de incendios y supone la existencia de grandes incendios que afectan a extensas superficies y en los que se alcanzan temperaturas muy altas, lo cual resulta incluso más dañino para el suelo.

Para hacer frente a este problema, Greenpeace propone medidas como reforzar el papel de las fiscalías de medioambiente en la prevención, convertir el sector forestal en estratégico para la economía y combatir el cambio climático adaptando los ecosistemas a la nueva situación medioambiental.

Evidentemente, no se trata de un problema español, sino que golpea con gran fuerza todo el mundo, especialmente en África. Se trata de un círculo vicioso que se va alimentando cada vez más y más. Las zonas desérticas en las que no pueden crecer plantas aceleran la contaminación ya que no hay plantas para limpiar el aire de dióxido de carbono (CO2), no se crean condiciones de humedad que fomenten la pluviosidad y, por tanto, se acentúa la desertización.

Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en 2011 se marcó un nuevo record de gases de efecto invernadero en la atmósfera. En su último boletín, señalan que desde 1750 se han liberado a la atmósfera hasta 375.000 millones de toneladas de dióxidos de carbono, de las cuales la mitad continúa en la atmósfera y acelera el cambio climático cada vez más. Además, dudan de los efectos que puede tener en la cadena alimenticia ya que los océanos absorben la otra mitad de esa contaminación y y han elevado sus niveles de acidez.

Este problema no es exclusivo de los ecologistas ni propio de ideólogos, sino que supone una pérdida muy grande para las economías de los países. Según Eduardo Durand, director general de la Dirección General de Cambios Climáticos, Desertificación y Recursos Hídricos, del Ministerio del Ambiente, el cambio climático puede costarle a Perú entre el 1,5 y el 4% de su PIB.

Además de afectar muy negativamente a la economía de un país en concreto, como puede ser el nuestro, haciéndolo dependiente de la agricultura de otros países, supone una seria amenaza por la escasez de recursos para alimentar a una población global que no deja de aumentar. La desertificación incide incluso en América Latina y en el Caribe, zonas que cuentan con las reservas hidrológicas y cultivables más grandes del planeta.

Según la ONU, este proceso afecta ya a 1.200 millones de personas y ha causado la migración de hasta 200 millones. Especialmente en zonas como Uzbekistán y Turkmenistán. La deriva que acecha de forma casi inexorable es la hambruna, que ya está presente en zonas como el Sahel. Precisamente fue la ONU la que proclamó el Día Mundial de Lucha contra la Desertización y la Sequía celebrada cada 17 de junio desde 1994.

Pero todos estos intentos no han proliferado y son numerosas las asociaciones de ecologistas que denuncian la pasividad de los gobiernos ante una amenaza muy grave. Es el caso de Intervida, que denuncia la desertificación calificándola como un “proceso debido casi exclusivamente a la acción del hombre”.

Denuncia que comparte la organización WWF, que alerta de que los efectos de la desertificación ya son palpables en nuestro país, debido a la deforestación, el sobrepastoreo, la explotación urbanística y los incendios forestales. Según Juan Carlos del Olmo, Secretario General de WWF/Adena, es el momento de cambiar la política agraria haciendo un uso sostenible del territorio y respetando el medio ambiente para cumplir los objetivos de la Unión Europea y conseguir una agricultura fuerte.

Desde WWF proponen diversas medidas como cubiertas vegetales para cultivos leñosos, sustituir la fertilización mineral nociva para el suelo por abonos orgánicos, mejorar la eficiencia del regadío con la ayuda de las nuevas tecnologías para evitar que se desperdicie el agua. Además, conmina a cerrar más de 510.000 pozos ilegales existentes.

Con este contexto tan dramático, en 2011 se abría un cisma incomprensible entre ecologistas y agricultores en relación al nombramiento de un nuevo ministro de Agricultura y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete. Este político, famoso por potenciar los intereses económicos agrícolas, ha recibido fuertes críticas por parte de organizaciones como Ecologistas en Acción.

Para esta ONG, este nombramiento significa el declive de medidas medioambientales que ya habían perdido fuelle con la anterior legislatura socialista. Critican al ministro por sus intereses agroindustriales, por haber apoyado el transvase del Ebro. Por su parte, el sindicato agrario UPA se congratulaba por su elección.

Según la ONU, este proceso afecta ya a 1.200 millones de personas y ha causado la migración de hasta 200 millones

En definitiva, dos grupos enfrentados pero que comparten los mismos problemas y que están condenados al mismo destino. Porque la desertificación supone una pérdida incalculable, especialmente para el sector agrario. Lo que les demandan los ecologistas es la cesión de los intereses económicos más inmediatos para garantizar la sostenibilidad del sector.

Los incendios forestales afectaron este año a 165.000 hectáreas, 60.000 de las cuales estaban en la Comunidad Valenciana.

Los incendios forestales afectaron este año a 165.000 hectáreas, 60.000 de las cuales estaban en la Comunidad Valenciana.

Llegados a este punto, somos conscientes de la amenaza y conocemos los posibles antídotos. El paciente ya ha sufrido pérdidas irreparables pero aún podemos salvarle la vida. La pregunta, pues, es por qué no le curamos. Porque el incremento de la temperatura, la desertización y el descenso de pluviosidad no son fábulas del futuro sino tristes verdades del presente.

Puedes encontrarme en Twitter: @a90sm

Para ver el reportaje en PDF: EL DESIERTO QUE NOS ESPERA

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