Fútbol, el nuevo campo de batalla


El pasado 7 de octubre, en el partido de liga que enfrentaba al F.C. Barcelona contra el Real Madrid se vivió un acto simbólico que representa la situación actual del nacionalismo catalán con la construcción de un gran mosaico de la senyera y gritos independentistas en el “minuto de la Díada”, el 17’14” con gritos de “inde-independencia”.

El pasado 7 de octubre, en el partido de liga que enfrentaba al F.C. Barcelona contra el Real Madrid se vivió un acto simbólico que representa la situación actual del nacionalismo catalán con la construcción de un gran mosaico de la senyera y gritos independentistas en el “minuto de la Díada”, el 17’14” con gritos de “inde-independencia”.

Cuando no hay palabras suficientes para describir un sentimiento, cuando lo fútil se convierte en el centro del universo y una carrera más, unos metros a la derecha o a la izquierda, un poste o un arquero separan un pueblo de la gloria o de la humillación. Cuando se trata de hablar de todo sin decir nada… Ahí entra el deporte. Y, en nuestra sociedad europea, el fútbol. Porque las batallas en el viejo continente no se deciden con bombas sino con goles.

Aunque esto pueda parecer una exacerbación sin fundamento de un ocio llamado “el opio del pueblo”, no anda desencaminado. Porque lo que se juega cada fin de semana en miles de estadios europeos no es un simple partido. Se trata de una metáfora, de una forma de canalizar nuestros instintos más primarios de lucha y convivencia dentro de una sociedad. Es por eso por lo que el último ‘Clásico’ no fue un “simple partido de fútbol, nada más” como se empeñaban en repetir como una nana poco convincente los editoriales de Alfredo Relaño en AS, los de MARCA o incluso futbolistas como Gerard Piqué.

Al igual que no fue un simple partido la pitada de la final de Copa del Rey entre el Athletic de Bilbao y el F.C. Barcelona, como ya sucediera en la final de 2009 que enfrentaba a los mismos equipos. Porque los recientes éxitos de ambos clubes exaltan sus respectivos nacionalismos. Porque el fútbol se expresa en el mismo lenguaje de emociones con el que se sienten las pasiones, los amores y las patrias. Se trata del mismo impulso irracional, y no llega a tener tanto calado por más que se exprese en palabras.

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Para quien albergase algún tipo de duda, todo quedó bien claro con el mosaico de la senyera que cubrió las gradas del Camp Nou y con los cánticos soberanistas en conmemoración de la Díada. Horas más tarde, miles de ‘colones’ se colgaban las medallas por descubrir el nuevo mundo: “si resulta que no era un mero partido de fútbol”, “si resulta que el nacionalismo catalán se simboliza en el FC. Barcelona y su oposición al ‘Estado español’ representado por el Real Madrid”…

Todos estos ‘descubrimientos’ fueron a pesar de que las relaciones entre el fútbol y distintas ideologías se remonten a las primeras patadas de este deporte en nuestro país. Como apunta el historiador Javier Díaz Noci, “los deportes son algo más que una actividad física e individual, son asimismo una actividad de poderosa naturaleza social y simbólica, sin descartar su importancia ideológica, política y, por supuesto, económica”.

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Algo que ya indicaba el también historiador Jeremy MacClancy, para el que la introducción de un nuevo deporte en una sociedad tiene dos objetivos: Promover nuevas formas de “armonía social” y proveer un lugar en que puedan expresarse de forma simbólica rivalidades que en el pasado fueron más palpables. Tal vez, por eso hay que prestar especial atención a las palabras del presidente del F.C. Barcelona, Sandro Rosell, cuando afirma que “el Barça no hace política, sólo reafirma su raíces”.

Díez Noci: “los deportes son algo más que una actividad física
e individual, son asimismo una actividad de poderosa
naturaleza social y simbólica, sin descartar su importancia
ideológica, política y, por supuesto, económica”.

Por eso, conviene remontarse a esas raíces, a esos orígenes de la idea y del símbolo. Resulta que el nacionalismo catalán surgió con fuerza en 1830 a raíz del movimiento cultural (sin fines políticos) de la Renaixença, pero no fue hasta la última década del s. XIX cuando se empezó a estructurar con las bases de Manresa de 1982. No sorprende descubrir que el F.C. Barcelona fue fundado en 1989. Y tan sólo dos años después la Lliga Regionalista obtenía la victoria electoral. Tenemos pues, que el símbolo surgió al calor del nacionalismo catalán. De la misma forma, el Athletic de Bilbao, club históricamente más significado con el nacionalismo vasco, surge en 1898. Tres años antes se había fundado el Partido Nacionalista Vasco, que en el mismo año 1898 participaba en sus primeras elecciones. No obstante, hay que precisar que entre los 12 miembros fundadores del club no se encontraba ningún catalán.

Pero sería en los años sucesivos en los que los incipientes éxitos del club irían forjando un estrecho vínculo entre la ideología y su símbolo. De esta forma, el incidente de los “silbidos coperos” ya tenía un antecedente cuando en 1925 el gobierno de la dictadura de Primo de Rivera cerraba el campo (por aquel entonces ‘Les Corts’) durante seis meses por los silbidos de los aficionados a la “Marcha Real”.

Una ideología que sería duramente reprimida durante 40 años de franquismo, sobre todo, en los primeros años. El Barcelona, al que se había despojado incluso de símbolos catalanes en su escudo, se convertía en la única institución pública que simbolizaba la lucha anti-franquista catalana. Se convirtió en “mes que un club”. Por su parte, el Real Madrid, para los aficionados culés, era el club oficial del franquismo y sus éxitos se deben gracias a esto. Este discurso tiene especial atractivo si le sumas el mito de que el Barça es el equipo que más títulos ha conseguido en la historia de la democracia. Lo cierto es que en ambos periodos, el club más prolífico en ligas españolas ha sido el Real Madrid (14-8 de 1939 a 1975 y 16-12 de 1976 a 2012). En lo que sí aventaja el Barça al Madrid en el período democrático es en copas de Europa (6-0 de 1939 a 1975 y 3-4 de 1976 a 2012).

Pero no se trata sólo de las victorias. Porque todos los equipos terminan siendo símbolos de la identidad de un pueblo y representan sus valores. Por todo eso es tan importante en esto del fútbol aquello llamado “estilo”. Algo en lo que todo régimen incide como marca nacional. Durante muchos años, el espíritu de la selección española ha sido el de la llamada “furia roja”, que encarnaba todo el ideario franquista de la Falange española. Según Falange, el fútbol practicado en los años 50 y 60 por futbolistas como el bilbaíno “Belauste” era la “encarnación de los valores hispánicos masculinos: virilidad, impetuosidad y furia”. Valores que, según el historiador Duncan Shaw, reaparecen en tiempos de penuria en los que la falta de infraestructura deriva en exaltación de valores idealistas.

Jeremy MacClancy: “la introducción de un deporte en una sociedad tiene dos objetivos: Promover nuevas formas de “armonía social” y proveer un lugar en que expresar de forma simbólica rivalidades que en el pasado fueron más palpables.

El mismo Belauste glosaba los estilos nacionales definiéndolos como “rápido, duro, de pases largos y rasos y de coraje” el norteño; “científico, de pases elegantes y cortos, de combinación vistosa”, el catalán; y “fino, alegre, rápido pero indeciso y algo embarrullado” el madrileño y andaluz.

Y si hay un estilo futbolístico reconocible y envidiado en todo el mundo en los últimos años, éste ha sido el científico, el del Barça. Fútbol de quilates, de toque y estocada, con la ingeniería más avanzada y la contundencia más implacable. En cambio, en estos años su archienemigo, el Real Madrid, ha dado bandazos estilísticos bastante notables. Y resulta que este estilo blaugrana, el de la cantera, el de la masía, era el de la España doble campeona de Europa y campeona por primera vez del mundo.

Resulta que el “enemigo” se ha apropiado de nuestra identidad y los ha aprovechado para escribir las páginas más gloriosas de su historia (futbolísticamente hablando). De esta forma, surge un nuevo argumento basado en el “expolio futbolístico” que simboliza el “expolio económico, social y cultural” del que muchos nacionalistas catalanes se sienten víctimas. Porque “dan más dinero del que reciben” (es la tercera comunidad que más sale perdiendo… por detrás de Baleares y de la Comunidad de Madrid).

Lafinal de la Copa del Rey 2012 que enfrentaba al F.C Barcelona contra el Athletic de Bilbao se vio envuelta en una polémica pitada al himno español tras las amenazas de Esperanza Aguirre de cerrar el campo en caso de pitidos al himno.

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final de la Copa del Rey 2012 que enfrentaba al F.C Barcelona contra el Athletic de Bilbao se vio envuelta en una polémica pitada al himno español tras las amenazas de Esperanza Aguirre de cerrar el campo en caso de pitidos al himno.

Y de esta forma tan emocional, irracional y simbólica nos encontramos de repente en la situación en que todas las circunstancias sustentan la causa nacionalista. El Barça como símbolo de una Cataluña que se siente más avanzada que el resto de España (como el Barça está por delante del Madrid). Una institución más fuerte, precisamente, por sus jugadores de la cantera. Por futbolistas catalanes o de otra procedencia pero educados en los valores blaugranas. Llega el punto en el que los mismos jugadores simbolizan una educación superior a la media española, una sociedad más avanzada. En definitiva, llega el momento en el que España se siente como una rémora, como una carga económica para los ansiados vuelos catalanes. El instante en el que el sentimiento se confabula con el interés racional y todo se enmarca en un partido de 90 minutos. Todo se decide sobre el césped, entre el nacionalismo catalán del Barça y el nacionalismo español del Madrid.

Alberto Serrano Martín

Te espero en Twitter @a90sm

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2 Respuestas a “Fútbol, el nuevo campo de batalla

  1. Pingback: Fútbol, el nuevo campo de batalla·

  2. ¡Aquí todos condenan a los andaluces! Sólo nos quieren para limpiadores: hospitales, hoteles, bares… Un andaluz, González, decretó la ley del catalán, la discriminación positiva… otro andaluz, Aznar, lo convirtió en ley. Redactaron la legislación política catalana, que sobre representan a estos en el Parlamento: 3 andaluces valen lo que un catalán. Los líderes andaluces, ninguno, incluida la oposición, ha puesto el grito en el cielo, nos ha defendido ni nos defiende, Me pregunto ¿por qué les votamos a todos ellos cuando deberían ser apartados del poder político? ¡Viva Andalucía, Viva España, Abajo los Traidores Todos, los nuestros también! Sun Brider 190113 para AlertaDigital.Com

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